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Red Internacional

A propósito de la lucha subcontratista en la ENAP. ¿Qué es el subcontrato y por qué hay que tirarlo abajo?

La represión que desató el gobierno de Boric contra los trabajadores subcontratados de la ENAP en Hualpén, se convirtió en un hecho nacional. Y es que el gobierno que algunos llaman “de los trabajadores”, respondió con decenas de carros policiales, gas pimienta y guanaco contra los trabajadores que se encuentran reclamando sus justas demandas.Pero no es sólo el actuar antiobrero del gobierno el que se ha puesto en la palestra, sino también un tema que hace décadas precariza a uno de los sectores más importantes de la clase trabajadora como lo es el subcontrato.

Miércoles 11 de mayo | 08:21

¿Qué es el subcontrato?

La definición del subcontrato, es una cuestión que no tenía claridad en el marco jurídico de las leyes laborales en Chile desde mediados de los setenta hasta el año 2006, en el que este pasó a ser regulado por parte del Estado, bajo la ley N°20.123. Esta regulación se llevó adelante después de las heroicas jornadas de lucha que llevaron adelante las y los trabajadores contratistas de CODELCO a nivel nacional desde Rancagua a Calama, en una huelga que duró 37 días como respuesta a la intransigencia de la minera estatal que no reconocía el derecho a negociar de las y los trabajadores. Desde aquí es que nacen los llamados Acuerdo Marco, que lejos de terminar con la precarización y el subcontrato, terminó como desvío y por responsabilidad de las direcciones del Partido Comunista en la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), sólo en una regulación legal.

Volviendo a la ley N°20.123, la definición del subcontrato según su Art.183-A es “aquél realizado en virtud de un contrato de trabajo por un trabajador para un empleador, denominado contratista o subcontratista, cuando éste, en razón de un acuerdo contractual, se encarga de ejecutar obras o servicios, por su cuenta y riesgo y con trabajadores bajo su dependencia, para una tercera persona natural o jurídica dueña de la obra, empresa o faena, denominada la empresa principal, en la que se desarrollan los servicios o ejecutan las obras contratadas. Con todo, no quedarán sujetos a las normas de este Párrafo las obras o los servicios que se ejecutan o prestan de manera discontinua o esporádica.”

Y en lo que respecta a las garantías y responsabilidades en torno a las condiciones laborales y previsionales, el Art.183-B es claro y tira al suelo los argumentos de aquellos que dicen que el conflicto por ejemplo en la ENAP y la exigencia de los subcontratistas es ilegal o que es un problema de privados que no compete a la empresa estatal, por ejemplo este artículo establece varias cosas como que La empresa principal será solidariamente responsable de las obligaciones laborales y previsionales de dar que afecten a los contratistas en favor de los trabajadores de éstos, incluidas las eventuales indemnizaciones legales que correspondan por término de la relación laboral(...)El trabajador, al entablar la demanda en contra de su empleador directo, podrá hacerlo en contra de todos aquellos que puedan responder de sus derechos, es decir, desde la empresa subcontratista, contratista hasta la mandante.

En el caso de los subcontratistas en Hualpén es mucho peor, ya que los trabajadores denuncian la imposición de un Acuerdo Marco indefinido por parte de la ENAP, sin derecho a negociar y que mantiene las condiciones de hace cinco años atrás, lo que fue decidido unilateralmente por la empresa del Estado y no negociado con los trabajadores.

Pero, más allá de las definiciones, vacíos o interpretaciones legales respecto del subcontrato, es importante poder entrar al problema político y económico, que significa esta forma de contrato y/o trabajo que ha empujado a millones a la precariedad, y por qué debemos combatirlo.

Los objetivos económicos y políticos de los capitalistas con el subcontrato: reducción de costos y división de la fuerza de la clase obrera

Para entrar al subcontrato y las consecuencias sobre todo en la clase trabajadora, hay que volver a mediados de los años setenta, cuando en los primeros años de la dictadura en Chile, comenzamos a ver parte de lo nuevo en el patrón de acumulación en el país, que presentaba marcadas diferencias con el de la fase anterior la “fase del capital productivo”.

Según el libro “Capital transnacional y trabajo. El Desarrollo Minero en Chile” [1], hay dos tendencias dentro de esta nueva forma de funcionamiento(patrón de acumulación): (1) La fragmentación productiva y (2) la flexibilización del mercado del trabajo . La primera tiene relación a cómo las grandes empresas han tendido-y que pasa hasta ahora- a desconcentrar la producción, originando una cadena productiva formada con otras empresas medianas, pequeñas, entre otras, con la producción bajo la dirección directa o indirecta de la empresa mandante. La segunda, con el conjunto de las leyes laborales de la dictadura, que después fueron cristalizadas en el Código del Trabajo de 1987, el cual creó un marco jurídico para facilitar la aparición del uso de la fuerza de trabajo y prácticas de contratación que terminaron de pauperizar una gran cantidad de empleos.

Es en ese marco jurídico las prácticas flexibilizadoras se hicieron más constantes, a nivel salarial, de dotación y funcionalidad. El caso del subcontrato, entró de lleno en toda la política de flexibilización en términos de cantidad o dotación en las empresas-y que también tienen su traducción en términos salariales-, donde la cantidad de trabajadores dentro de las empresas con contratos indefinidos de planta, han disminuido cada vez más en relación al aumento de trabajadores de plantas variables, es decir, con contratos a plazo fijo o temporales. Esto último es el caso de la subcontratación(interna o externa), donde los capitalistas ajustan la cantidad de trabajadores acorde a los ritmos del mercado que ante momentos de ritmos más bajo de lo normal, se permiten reducir costos, por ejemplo, evitando el costo de un despido, ya que sólo deberían desprenderse de los servicios entregados por una empresa contratista o subcontratista, o evitar a la vez, tener trabajadores pagados que bajo su lógica ambiciosa serían “innecesarios” en momentos donde la coyuntura es baja para las ganancias y las fluctuaciones del mercado.

Pero tanto la fragmentación productiva como la flexibilización del mercado de trabajo, tienen más que objetivos económicos en materia de reducción de costos versus el aumento de ganancias, y es que tiene también un objetivo político en contra de las y los trabajadores en términos de organización.

Esto se refleja en el caso de la organización sindical, que a base del Código del Trabajo de la dictadura y de José Piñera, en que los sindicatos son por empresa y no por rama, la fragmentación productiva generó una multiplicación de empresas que fragmentó a la vez la fuerza de la clase trabajadora en el país, sumando a las categorías impuestas en lo que respecta a la mano de obra, en trabajadores de planta, contratistas y subcontratista, fue disminuyendo la posibilidad objetiva de organización del conjunto de las y los trabajadores, donde se perdieron elementos clásicos de la historia del movimiento obrero-y que se recuperó parcialmente en el paro de contratistas el 2006 o en el caso de los paros portuarios-como es el elemento de la solidaridad de clase y la unidad de las filas obreras en una suerte dispersión de la estrategia sindical y de atomización de su propia fuerza de las y los trabajadores. No bastando con eso, es una práctica constante de las empresas fomentar la competencia entre trabajadores de planta, contratistas y subcontratistas, buscando con ello que un sector pierda la identificación y consciencia con su propia clase, como si los enemigos fuésemos los mismos trabajadores, en el caso de la minería hay contratistas y subcontratistas que por no ser de planta no se consideran mineros, y es probable que pase en las más diversas ramas a nivel nacional.

El ejemplo de lucha de los trabajadores subcontratistas de la ENAP y la necesidad de terminar con el subcontrato y toda precariedad

Más de una semana llevan movilizados los trabajadores subcontratados de la ENAP en el Bío Bío, cuestión que se transformó en un hecho nacional hasta ahora no por un triunfo de los trabajadores, sino porque la respuesta desde la ENAP sólo ha sido intransigencia y desde el gobierno ha sido represión, como lo vimos y transmitieron casi en cadena nacional los medios de televisión el día lunes 9 de mayo pasado el mediodía.

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Mientras Boric tiene negociaciones eternas y agarra con guantes de seda, a los trabajadores que se encuentran movilizados responde con represión, incluso teniendo un compromiso con estos en medio de su campaña hacia las presidenciales de mejorar sus condiciones. Y la movilización de los trabajadores subcontratados sólo exige primero renegociar el Acuerdo Marco, ya que ENAP habría impuesto un acuerdo unilateral sin acuerdo con los trabajadores durante el año 2021, y sobre todo como han dicho los propios trabajadores, buscan achicar la brecha entre los subcontratados y los trabajadores de planta.

Esto último es una cuestión central, el cómo terminar con esas brechas impuestas por los empresarios, la dictadura y administrada hasta ahora por todos los gobiernos de turno post dictadura a favor de las ganancias y en contra de nuestras condiciones.

Para ello, debemos luchar para terminar con el subcontrato y conquistar el paso a planta de todas y todos los trabajadores, por lo que es necesario exigir a las direcciones de las grandes centrales como la CUT, las federaciones y confederaciones petroleras, del transporte, forestales, del retail y la minería junto a la FENATRASUB, impulsar asambleas de bases unificadas entre trabajadores de planta, contratista y subcontratistas, para discutir un plan de lucha para tirar abajo el subcontrato,partiendo por una paro nacional en solidaridad con los trabajadores subcontratistas de la ENAP. No basta solo con las declaraciones de solidaridad de la CUT y la CTC, hay que pasar a la acción.

Bajo las banderas de terminar con el subcontrato en perspectiva de acabar también con toda precariedad laboral, salarial y de la vida, es necesario buscar la unidad de la clase trabajadora junto a los sectores populares que de conjunto vienen resintiendo los ataques a nuestros bolsillos con el aumento de la inflación que en doce meses ha superado el 10%, bajando el valor de los sueldos y con un aumento propuesto por el gobierno que no cambia esta realidad. Es por esto, que es necesaria la unidad de los sindicatos y los sectores populares en coordinación para luchar por un pliego único de demandas que termine con el subcontrato y demás contratos precarios (como honorarios y eventuales), por un salario mínimo de $650 mil pesos y un impuesto progresivo a las grandes fortunas para financiar un IFE para todos los cesantes; un reajuste mensual de sueldos y jubilaciones según el costo de la Canasta Básica de Alimentos; nacionalización de las empresas de servicios como el Agua, Luz y Gas. Fin al lucro en los servicios de primera necesidad; control de precios en supermercados y grandes distribuidoras; y la nacionalización de la banca y monopolio del comercio exterior para terminar con la fuga de capitales que hacen los millonarios.

Para esto necesitamos un plan de lucha serio, que los grandes organismos rompan la pasividad y dejen de actuar como “ministros” de este gobierno.

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[1R. Agacino, C. González y J. Rojas, “Capital transnacional y trabajo. El Desarrollo Minero en Chile”, 1998, Ed.LOM.





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