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Red Internacional

Editorial. ¿Qué es lo que Gabriel Boric pretende “aprender de la experiencia de Lula” ?

“Tenemos mucho que aprender de la experiencia de Lula y la de Brasil de estas últimas décadas. Es importante ante la polarización su mensaje de unidad y altura de miras", fue el mensaje de Gabriel Boric ante el triunfo de Lula, que significó un importante revés para la extrema derecha de la región. Todo el establishment brasileño busca definir los contornos del próximo gobierno y así consolidar la orientación hacia el “centro” que se expresó en la campaña, que incluyó un amplio “frente democrático” con sectores de la derecha. ¿Qué es lo que buscará aprender Boric?

Miércoles 2 de noviembre | 04:41

¿Qué es lo que Gabriel Boric buscará “aprender de la experiencia de Lula”?

Los principales medios de comunicación chilenos recibieron el triunfo de Lula con cierta sobriedad. “Complejo escenario para Lula da Silva” es el título de la editorial de La Tercera. Para el diario de Copesa, los protagonistas de la elección fueron el “antipetismo” y el “antibolsonarismo”. Lula deberá lidiar con el rechazo que genera su figura y un Congreso dominado por sectores conservadores, por lo que “inevitablemente deberá negociar los principales contenidos de su programa, obligándolo a tejer alianzas más allá de su base de apoyo”. La conclusión es que “tal perspectiva puede resultar a la larga favorable para Brasil”, advirtiendo de todas formas que “si Lula aspira a ejercer algún liderazgo regional será fundamental que se aleje de modelos dañinos para la economía y tenga posturas claras sobre los regímenes que están socavando la democracia”.

El Mercurio realizó análisis similares, aunque fue mucho más descarado en saludar los éxitos de Bolsonaro, quien “había afirmado que Paulo Guedes continuaría en su puesto, lo que daba la certidumbre de que seguirían las políticas que le permitieron a Brasil repuntar de la crisis pospandemia”. Por su puesto, no dicen que el voto contra Bolsonaro estuvo marcado no sólo por su manejo del Covid-19, sino también por las consecuencias económicas de la crisis. El Chicago Boy Paulo Guedes es uno de los responsables.

La derrota de Bolsonaro significa un revés para la extrema derecha no sólo en Brasil. José Antonio Kast tomó nota y afirmó que “La esperanza sigue intacta, tendremos que trabajar con más fuerza para defender la libertad”, no sin antes seguir el guión bolsonarista y acusar “intervencionismo judicial y electoral”.

Pero más allá de los lloriqueos de la extrema derecha, los partidos tradicionales de la clase dominante, con más o menos matices, se unieron para llamar a enfrentar la polarización política y social. Y no es casual. Ese fue justamente uno de los mensajes de la campaña de Lula, quien construyó un “frente amplio” que incluye a sectores de derecha. Una de las jugadas políticas celebradas por el establischment de Brasil, es que la fórmula presidencial incluyó a Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente, un ferviente católico conservador quien durante años fue un opositor por derecha a los gobiernos del Partido de Trabajadores.

El discurso de Lula luego de obtener la victoria fue claro en ese sentido. Destacó que su triunfo no pertenece al PT, sino a la alianza democrática que lideró. Llamó a restaurar la paz y la democracia. También hizo un claro guiño a líderes imperialistas como Joe Biden y Macron (que respaldaron con energía su triunfo sobre Bolsonaro), al afirmar que "recuperaremos la credibilidad, la previsibilidad y la estabilidad del país, para que los inversores vuelvan a confiar en Brasil".

Gabriel Boric hizo eco de sus palabras y afirmó que “tenemos mucho que aprender de la experiencia de Lula y la de Brasil de estas últimas décadas. Es importante ante la polarización su mensaje de unidad y altura de miras. Es el camino que seguiremos también en Chile para construir más justicia social para toda nuestra patria”.

Ximena Rincón no dejó escapar la oportunidad, y llamó a que “esto que ha ocurrido en Brasil, sirva de aprendizaje para aquellos que piensan que se puede gobernar con un solo tipo de ideas. Para ganar, Lula pactó incluso con partidos de centroderecha, porque entendió que tenía que ser pragmático y eso tendrá que extenderlo a su gestión de gobierno”.

Todo esto no es más que una repetición del discurso oficial de la burguesía brasileña. Como destaca André Barbieri en Esquerda Diário de Brasil, “la orquesta periodística llama a una ‘transición pacífica y segura’. En cuanto a Lula, la orden es que sea un pacificador moderado que enfríe los ánimos del país, complazca los mercados con sólidas reglas fiscales y construya un frente tan amplio que pueda abarcar las múltiples expresiones de la derecha neoliberal tradicional (incluidos sus economistas y ideólogos)”.

Es lo que Lula ha venido haciendo durante toda su campaña: ampliar sus acuerdos a la derecha, negar cualquier posibilidad de derogar las reformas laborales y de seguridad social que le precedieron. El objetivo de los verdaderos factores de poder es condicionar lo más posible al nuevo gobierno tras años de bendiciones con Bolsonaro-Guedes. Y uno de los objetivos políticos es mantener a Lula corrido hacia "el centro" para lograr el resurgimiento de la derecha tradicional.

No cabe duda que para la derecha neoliberal clásica, Bolsonaro no es la carta favorita. La derecha tradicional o lo que llaman “el centro” ha estado aprisionada entre Lula y Bolsonaro. Un gobierno progresista moderado como el de Lula puede ser una oportunidad para reconstruir esa derecha.

Es en este marco que la experiencia de Chile es vista con interés. Y es que justamente ha sido el gobierno de Boric el que ha permitido el fortalecimiento de la derecha y del “centro burgués”. A su vez, ha sido el propio gobierno progresista el que ha propiciado el avance de medidas “bonapartistas” como la militarización en el sur, el fortalecimiento de las policías, un endurecimiento de las políticas contra los inmigrantes. Una verdadera demostración que el aumento del autoritarismo estatal no es patrimonio exclusivo de la derecha, así como tampoco el avance de políticas neoliberales como la aprobación del TPP11. El gobierno de Gabriel Boric, al ceder en cada uno de las exigencias que realiza el gran capital nacional e imperialista, ha permitido que la agenda de la derecha gane terreno y se fortalezcan sus variantes políticas.

En ese sentido, el nuevo ciclo de gobiernos progresistas que tienen a Gustavo Petro en Colombia y a Lula Da Silva como últimos fichajes, se sustentan en un voto de mal menor para evitar el triunfo de la extrema derecha, no en una movilización de masas y una base económica que les permita construir una nueva hegemonía. Al igual que Boric, su programa fue acordado con importantes sectores de la burguesía en base al compromiso de respetar dogmas neoliberales, alejándose del discurso de “transformaciones profundas” de los gobiernos posneoliberales de la primera década del siglo y desechando directamente cualquier cuestionamiento, aún sea verbal, a la dependencia frente al imperialismo norteamericano.

El cambio de signo de los gobiernos con continuismo en políticas neoliberales, es una de las marcas de los tiempos políticos en la región.


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