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Red Internacional

El martes 27 de septiembre la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados aprobó, por mayoría de votos, la eliminación el horario de verano en la mayor parte del territorio mexicano, el cual se aplica desde hace 26 años. Este miércoles 28 se votará en el pleno de la Cámara, donde se verá si pasa al Senado.

A pesar de los argumentos acerca del daño a la salud que genera el cambio de horario, así como del poco ahorro de energía que implica, legisladores como el panista Justino Arriaga y el priísta José Antonio Gutiérrez mencionaron posibles afectaciones económicas y comerciales en México.

El dictamen para eliminar el horario de verano obtuvo 22 votos a favor, uno en contra y once abstenciones por parte de los diputados del PAN y PRI, por lo que probablemente pase. De ser así, el nuevo horario se aplicaría a partir del próximo año, exclusivamente en los municipios que tienen frontera con Estados Unidos, desde el segundo domingo de marzo y hasta el primer domingo de noviembre, para no afectar el intercambio comercial.

Para el resto del territorio se establecería un horario estándar, dividido en cuatro zonas según los husos horarios enumerados por la propia ley:

Zona Centro: referida al meridiano 90 grados al oeste de Greenwich, abarca la mayor parte del territorio nacional.

Zona Pacífico: referida al meridiano 105 grados al oeste de Greenwich, que comprende los estados de Baja California Sur, Chihuahua y Nayarit, con excepción del municipio de Bahía de Banderas.

Zona Noroeste: referida al meridiano 120 grados al oeste de Greenwich, que comprende el territorio de Baja California.

Zona Sureste: referida al meridiano 75 grados al oeste de Greenwich, que comprende el estado de Quintana Roo.

¿Cómo empezó el Horario de Verano?

Como menciona Víctor Romero en esta nota, el cambio de horario fue idea del entonces embajador de Estados Unidos en Francia, Benjamin Franklin (1784), pero se empezó a aplicar a partir de la Primera Guerra Mundial con el objetivo de ahorrar energía. Algunos años después, varios países del mundo adoptaron la medida, sin embargo, ante los pobres resultados en cuanto al uso racional de la energía eléctrica, más de la mitad de las naciones del mundo la abandonaron. La verdadera ventaja económica fue para las grandes empresas privadas de los distintos países que coordinaron sus actividades.

En 1996, bajo el gobierno de Ernesto Zedillo se aplicó por primera vez el horario de verano en México, a través del "Decreto por el que se establece el horario estacional que se aplicará en los Estados Unidos Mexicanos", el cual consiste en adelantar los relojes una hora, y que se implementó argumentando que se daría un ahorro de energía por aprovechamiento de la luz natural.

Esta disposición no fue consultada y al pasar los años se ha dado a conocer que el ahorro de energía de la medida es poco significativo. Se critica que el verdadero motivo fue alinear los horarios mexicanos con el de las empresas y la bolsa de valores estadounidenses, permitiendo el funcionamiento de las empresas y el enriquecimiento de sus dueños.

Además, tampoco ha favorecido a la economía de las familias trabajadoras, quienes no perciben reducción en los precios que pagan por el servicio de luz. Por el contrario, el precio de los energéticos y el calentamiento global siguen aumentando hasta el empobrecimiento de las grandes mayorías y hasta el punto de la catástrofe ambiental.

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Una medida democrática podría haber sido la consulta a la población acerca de qué horario prefería, pero una vez más el decreto fue decidido desde arriba.

¿A quién beneficia esta medida?

La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) se quejó de la falta de un análisis minucioso sobre las implicaciones del efecto en el ámbito económico y comercial. Reclamaron un horario que permita alinear las operaciones comerciales con los principales socios en la región, como Estados Unidos.

Aquel país, por su parte, aprobó por unanimidad del Senado en marzo de 2022 la adopción permanente del horario de verano, aunque esto aún debe ser aprobado por la Cámara de Representantes y luego promulgado por el presidente Joe Biden.

Sin embargo, según las conclusiones de los análisis realizados por las comisiones de Salud y Energía de Coparmex, en sus 26 años de aplicación el horario de verano no ha significado grandes ahorros para los mexicanos, aunque sí se relaciona con afectaciones a la salud.

Dichas afectaciones resultan de la modificación de los ciclos de sueño de trabajadoras y trabajadores, niñes y jóvenes, pues el cambio abrupto respecto al descanso genera desequilibrios fisiológicos, psicológicos y emocionales por sus efectos en el sistema nervioso, que generan irritabilidad, somnolencia, dificultad para concentrarse, problemas para conciliar el sueño y menor productividad.

¿Cómo logramos el ahorro de energía y la recuperación de los recursos naturales?

El sistema capitalista promueve la sobreexplotación de los recursos ambientales y el despojo de la mayoría de la población trabajadora y campesina para beneficio de unos cuantos concesionarios, dueños y dueñas de grandes empresas.

Durante más de 39 años de neoliberalismo se profundizó la dependencia económica con Estados Unidos. El 80% de las exportaciones “mexicanas” tiene como destino el mercado estadounidense. La industria maquiladora de exportación, concentrada en los estados del norte y la zona del Bajío, sintetiza los fuertes vínculos entre los grandes empresarios nacionales y los intereses norteamericanos: de 1994 a 2017, el 49.1% de la Inversión Extranjera Directa (IED) se concentró en la manufactura, destacando la industria automotriz (General Motors, Fiat Chrysler, Ford, Nissan y Volkswagen).

Si bien eliminar el horario de verano puede ser un pequeño alivio para los trabajadores y el pueblo, la solución a las cuestiones energética, ambiental y de salud de la población no vendrá de la mano de los capitalistas y sus gobiernos. Para darle una salida a estos problemas es fundamental la organización de la clase trabajadora, en alianza con los pueblos indígenas, ambientalistas y especialistas, por ejemplo para desarrollar planes de transición hacia energías renovables y al servicio de las grandes mayorías.


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