Juventud

4 DE AGOSTO

Recuerdos y lecciones del 4 de agosto de 2011: irrumpe el combate callejero

A cuatro años desde la jornada de protesta y la fuerte irrupción de la lucha callejera de la juventud, aquel 4 de agosto de 2011, desde LID Chile hacemos un recuento de los principales hechos y lecciones que podemos rescatar de dicha fecha que marcó un antes y un después en el combate callejero y la radicalidad del movimiento estudiantil.

Martes 4 de agosto de 2015 | 19:30

El movimiento estudiantil ya venía dando sus primeros pasos, principalmente desde el 2006 con la conocida “revolución pingüina” que puso en la palestra las problemáticas que aquejan a los estudiantes secundarios; el drama de la municipalización, los escasos recursos para la educación pública por parte del Estado, las leyes heredadas de la Dictadura, la educación de mercado, entre otras falencias reveladas. Sin embargo, fue en el año 2011 cuando el movimiento estudiantil irrumpió en la escena política y nacional, remeciendo completamente al régimen político, situación que se vive hasta la actualidad.

Fue en el 2011, con un gobierno derechista encabezado por Sebastián Piñera, cuando la juventud decidió salir a las calles, cuando miles y miles de estudiantes a nivel nacional resolvieron que no tenían nada que perder, pero sí muchísimo por ganar. La juventud decidió que debía “tomarse el cielo por asalto”, conclusión que nada bueno le trajo al régimen político, a la casta política que hoy en día se encuentra profundamente cuestionada, en gran parte gracias al movimiento estudiantil.

El gobierno de Piñera tuvo que enfrentarse a la rabia, al descontento y a la frustración de toda una generación postergada, tuvo que lidiar con la organización, con paros, tomas y asambleas masivas que recorrieron los rincones del país. Todo por la legítima demanda de educación gratuita para todos, financiada por el Estado; un derecho básico, fundamental, mínimo, pero que los gobiernos post Dictadura se encargaron de sepultar y de mantenerlo como un negocio más, como una más de las tantas privatizaciones realizadas durante la década de los 80 por Pinochet.

El explosivo 4 de agosto que se vivió en distintos lugares del país

La movilización estudiantil venía en ascenso, en julio ya se encontraban cientos de establecimientos educacionales en paro y toma, miles de estudiantes seguían dando la batalla por conquistar la gratuidad en la educación, y en varios lugares como en el caso de la Usach, se venía dando una pelea férrea contra la burocracia estudiantil que sólo buscaba frenar la radicalización, evitar que la juventud sobrepasara al Gobierno y conquistara sus demandas.

Las marchas nacionales, concentraciones y manifestaciones por la educación gratuita se venían desarrollando en diversos puntos del país. Es así como un 4 de agosto del 2011, la Confech junto a otros organismos estudiantiles convocaron a una nueva marcha, la cual jamás fue autorizada por el Gobierno ni menos por el entonces ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter. La movilización se realizó de todas maneras, y la represión y el autoritarismo del Ejecutivo y sus autoridades sólo potenciaron aún más la rabia en la juventud.

El gobierno de Piñera desde un primer momento se planteó contra la educación gratuita, una posición consecuente, teniendo en cuenta que la derecha es el mismo sector político que destruyó la educación pública y fortaleció la enseñanza privada. Es así como Piñera y Hinzpeter aprovechaban cada declaración pública para arremeter contra los estudiantes y asegurar que no habría gratuidad en su mandato, menos marchas nacionales autorizadas. Errónea decisión. Lo que hubiese sido una marcha nacional por la gratuidad terminó en protesta nacional, en jornada de rabia y descontento que duró horas; en combate callejero sin miedo a la represión policial, en cientos de detenidos, en barricadas, cortes de calles, apoyo ciudadano, cacerolazos, entre otros métodos de protesta.

La represión policial se dejó caer inmediatamente. A las 10 de la mañana fue la primera convocatoria en Plaza Italia, la cual se vio dificultada por la fuerte violencia por parte de Carabineros (1300 efectivos policiales sólo en la mañana), sin embargo, miles de jóvenes resistieron y exigieron que el Gobierno dejara manifestarse en las calles. “Los estudiantes no son dueños de este país”, decía el entonces vocero de gobierno y primo de Piñera, Andrés Chadwick, con prepotencia e indiferencia ante las demandas del movimiento estudiantil. Un nuevo error.

Fueron 133 detenidos durante la mañana, y antes de que comenzara el “segundo round” de la jornada de protesta, Piñera ya anunciaba que habían más de 500 jóvenes detenidos a nivel nacional y 14 policías heridos. Ya a eso de las 18 horas, el sector de Plaza Italia y Universidad Católica estaba plagado de Fuerzas Especiales de Carabineros, las que reprimieron sin discriminación a jóvenes, personas que iban caminando por el sector, madres con sus hijos, trabajadores, adultos mayores. Con lacrimógenas, “zorrillos”, carros lanza aguas, piquetes de carabineros, golpes, detenciones, “lumazos”, el Gobierno seguía reprimiendo la jornada de protesta que se recuerda hasta estos días. La juventud no dudó en responder.

Caía la noche cuando miles y miles de jóvenes, vecinos del sector, trabajadores, personas de la tercera edad y niños, comenzaron a organizarse alrededor de barricadas, las que fueron levantadas en diversos sectores de la Capital y del país. El clima de descontento y rechazo hacia Piñera y su mandato se venía ya expresando en las encuestas, donde un 26% de la población seguía apoyando al Gobierno, mientras que más del 80% de la ciudadanía estaba de acuerdo con las demandas del movimiento estudiantil.

De esta manera, las barricadas se levantaron a nivel nacional, acompañadas de cacerolazos que fueron convocados para las 21 horas y de enfrentamientos que no cesaron hasta altas horas de la madrugada del 5 de agosto. Santiago Centro, Estación Central y Providencia fueron comunas donde miles de jóvenes se enfrentaron con la policía; además hubo protestas en poblaciones como La Victoria, Villa Francia, La Bandera; cacerolazos en Plaza Ñuñoa, La Reina, Pudahuel, Maipú, Cerro Navia, entre otras decenas de comunas de la región. Providencia, al oriente, con Miguel Claro; Alameda con Arturo Prat; Diagonal Paraguay con Portugal; Alameda con Ahumada; Ramón Carnicer con Rancagua; Vicuña Mackenna con Santa Isabel; Alameda con Mac-Iver y Puente Arzobispo, fueron algunos de los sectores donde hubo enfrentamientos.

Durante largas horas la juventud se enfrentó a la represión policial, de la mano de métodos de lucha históricos; organización callejera, organización previa en asambleas y reuniones, barricadas coordinadas y con apoyo de miles de personas. Las esquinas de Santiago estaban repletas de grandes “fogatas”, donde incluso vecinos de los sectores donde se estaban desarrollando las manifestaciones apoyaron en las calles a los estudiantes; se escuchaban bocinazos de los automovilistas de paso; se desarrollaban protestas en puertos, en “plazas de armas” de distintas ciudades del país, cortes de calles, etc.

El 4 de agosto, con más de 800 detenidos en el país al finalizar la jornada, se convertiría en una fecha emblemática para miles de jóvenes que decidieron hacerle frente a la represión e intransigencia del Gobierno, se convirtió en una jornada de lucha que hizo recordar a aquellas protestas durante la Dictadura Cívico Militar. Fue tanto el impacto que produjo aquella jornada que todos los medios de comunicación se vieron obligados a tratar lo que había sucedido, incluso medios internacionales dieron cuenta del fuerte “estallido social”. Y es que el 4 de agosto fue expresión de lucha, de rabia, de organización y coordinación; fue también reflejo del levantamiento de una juventud sin miedo, que no dudó en salir a las calles pese a la negativa de las autoridades; el 4 de agosto, ya hace cuatro años atrás, marcó un antes y un después en las protestas sociales, hizo vivir lo que muchas personas no experimentaban desde hace décadas.

El gobierno de Piñera quedó descolocado, aún más aislado, con menos apoyo por parte de la población, con críticas de distintos sectores políticos que tuvieron que salir a repudiar la represión policial por su notoria brutalidad. En ese sentido, el 4 de agosto fue un duro golpe para el mandato de derecha, para la clase política en su conjunto; provocó que Piñera llamara a una “mesa de diálogo” para negociar con los estudiantes, remeció a la opinión pública, a los rutinarios medios de comunicación; pero también hizo sacar conclusiones para un futuro, para vencer.

Lecciones importantes a considerar

Una de las enseñanzas principales que dejó el 4 de agosto y el 2011 en general, fue la importancia de recuperar los métodos históricos de la lucha callejera, de la auto organización de la juventud; la centralidad de las asambleas y reuniones para discutir política, pasos a seguir y coordinar acciones. El movimiento estudiantil también ayudó a que diferentes sectores de la sociedad vieran que con movilización y lucha se deben exigir las demandas, que sólo con fuerza y organización se pueden visualizar las problemáticas; pues ningún gobierno ni autoridad perteneciente a la casta política que existe hoy en día, va a conceder lo que la mayoría de la población exige. Las demandas se deben arrancar, imponer, exigir.

Por otro lado, también visualizó el rol que cumple una dirección política en cualquier proceso de lucha y movilización. El 4 de agosto demostró que la juventud puede arrancarle las demandas al régimen político, pero también dejó claro que para esto, los dirigentes deben estar a la altura de la situación; deben ser personas que respondan a los intereses de las bases, que luchen sin miedo ni temor por las demandas exigidas, que representen el sentir del movimiento y no lo traicionen, ni tampoco que se subordinen a las autoridades.

En relación a lo anterior, quedó claro que el Partido Comunista, la ex Concertación, actual Nueva Mayoría, organizaciones como el Frente de Estudiantes Libertarios, sectores del “autonomismo” (como hoy Izquierda Autónoma), son organizaciones que no llevan hasta el final la lucha por la educación gratuita, ni menos cuestionan estructuralmente el sistema capitalista. En este sentido, la dirección política de una lucha y su estrategia es crucial para vencer o ser derrotados. Se confía en el régimen político y las autoridades o se confía en las fuerzas de la auto-organización de las bases del movimiento estudiantil y la lucha callejera; se impulsan métodos burocráticos y estériles o se fortalece la democracia directa desde las bases; se convocan a “marchas por hitos” o se utilizan las tribunas para convocar a paros nacionales y movilizaciones entre estudiantes, trabajadores y pobladores.

Hoy, ya en el 2015, con un gobierno de la Nueva Mayoría que giró a derecha y anunció sólo un 50% de gratuidad en la educación para el sector más vulnerable y subvencionando a los privados; se hace imprescindible sacar lecciones y balances de un año que estuvo marcado por la lucha, la auto-organización y el combate callejero. El movimiento estudiantil y la juventud tienen mucho que entregar aún.






Temas relacionados

Movilizaciones   /   Represión policial   /   Juventud

Comentarios

DEJAR COMENTARIO