SEMANARIO

Reforma laboral y flexibilidad: la farsa de un gobierno que trabaja para los empresarios

Joselyn Encina Escobar

Francisco Flores Cobo

Reforma laboral y flexibilidad: la farsa de un gobierno que trabaja para los empresarios

Joselyn Encina Escobar

Francisco Flores Cobo

Con bombos y platillos el pasado dos de marzo Piñera anunciaba una de las principales reformas de su mandato, el cual tiene por objetivo “modernizar” las relaciones laborales en el país. “Los trabajadores ahora podrán trabajar 4 días a la semana y tener 3 días de descanso, para poder dedicar más tiempo a la familia, el estudio o el deporte”, ese es el grandilocuente anuncio desde el gobierno. Pareciera ser una oferta atractiva para muchos trabajadores, pero ¿cuál es la trampa?

Según la OCDE, Chile es el sexto país del mundo donde más se trabaja, con 1.974 horas anuales. Esta realidad puede explicarse de diversos modos: horas extras para aumentar el sueldo, largos trayectos de ida y vuelta a los lugares de trabajo, o incluso tener dos trabajos.

Sin duda que el tiempo para la familia, el ocio y la creatividad encuentran espacios muy estrechos en la vida de las y los trabajadores. De ahí que no sea difícil explicar por qué 1 de cada 5 chilenos sufre de depresión, según lo estableció un estudio del Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión social realizado durante 2018. Vivimos para trabajar y con ello sobrevivir, esa realidad es innegable. La pregunta clave es ¿la reforma laboral es un aporte a la solución del problema o más bien lo profundiza?

Actualmente en Chile la jornada laboral es de 45 horas semanales, repartidas en 5 o 6 días, con un sueldo mínimo que alcanza los $301.000. Del total de la fuerza de trabajo en el país, el 54% percibe un sueldo inferior a $350.000, y cerca de un 18% percibe menos de $200.000, cifras expuestas por la Fundación Sol hace algunas semanas. Mientras que la canasta básica familiar (lo mínimo que se necesita para vivir) bordea los $450.000; los sueldos simplemente no alcanzan para llegar a fin de mes.

Frente a esa realidad, el gobierno pretende aumentar el tiempo libre de los trabajadores estirando la jornada diaria hasta en 12 horas, si ¡12 horas!, para dejar 3 días “libres” a la semana. Pero, si la realidad de los sueldos es que apenas alcanzan para sobrevivir, ¿ese tiempo libre se ocupara realmente en ocio, estudio, deportes o la familia? En realidad lo más probable es que ese “tiempo libre” se ocupe en trabajo informal, “pololos” o trabajo precario, como el que entregan las nuevas plataformas virtuales (uber,cabifi, beat, etc…) las cuales, en esta reforma, ni siquiera serán reconocidas como empresas que desarrollan una relación laboral con sus subordinados, condenando a miles de personas a la irregular e inestable figura del honorario. Quieren amarrar el avance tecnológico a la precarización laboral.

Esto es apenas el principio. Aparte del desgaste físico y mental que significa estar 12 horas al día en el trabajo, esta opción deberá ser “negociada” de manera directa entre el trabajador individualizado y el empleador,sin embargo, todo trabajador sabe que es el empleador quien pone las condiciones, y el trabajador debe optar entre aceptarlas o buscarse otro trabajo. Es una total demagogia afirmar que la jornada laboral se podrá “negociar”. Lo que en realidad hace la reforma es garantizar más atribuciones a los empresarios, para que puedan imponer jornadas laborales más flexibles, que respondan únicamente a los ritmos productivos que marcan los mismos empresarios.

Esa flexibilidad alcanza límites insospechados cuando se abre la posibilidad de adelantar la salida del trabajo, a condición de reducir la hora de colación hasta en media hora: el objetivo es lograr una producción lo más continua posible. En estas condiciones ¿cómo se puede defender que el objetivo de la reforma es mejorar las condiciones de vida de los trabajadores? Pretenden vulnerar incluso las horas de colación, reduciéndolas bajo la mentira de una “negociación” entre partes “iguales”. Ahora incluso tener un tiempo para poder digerir saludablemente será un privilegio.

Con esto queda claro que el centro de la reforma es aumentar la productividad a toda costa, y con ello garantizar las ganancias de los empresarios y generar un terreno fértil para las inversiones de capitales extranjeros, en un escenario de convulsiones económicas a nivel internacional y un bajo crecimiento a nivel local.

Jornadas Part Time: la flexibilidad de la mano con la precariedad ya están comprobadas

Por otro lado, esta reforma vendría a consagrar una práctica de flexibilidad ya normada en Chile desde el 2001 que corresponde a la jornada parcial o Part-time , que suele ser de 20, 25 o máximo 30 hrs, y no puede ser distribuida en más de cinco días a la semana.

Esta modalidad es usada mayormente por estudiantes y mujeres, y se encuentra ampliamente difundida en el tercer sector o servicios (educación, salud, retail, etc) . Para Margaret Maruani, socióloga francesa especializada en estudios de género y mercado laboral, esta modalidad sería “el motor de la pauperización del trabajo, porque quien dice trabajo a tiempo parcial dice salarios parciales”

La misma Dirección del Trabajo publicó un trabajo de la socióloga Estrella Díaz Andrade, quien en el Cuaderno de Investigación n°60 muestra cómo el trabajo asalariado a tiempo parcial usualmente está ligado a una baja seguridad social, alta rotatividad y pequeñas sumas de sueldo. Es por esto último, que se frecuenta ver a personas trabajando en dos o más lugares en modalidad part time, para hacerse un sueldo que les permita subsistir.

Este tipo de jornada es promovida internacionalmente como una ventaja para que las mujeres “compatibilicen” el trabajo asalariado con el cuidado de los hijos o ancianos en el hogar, y las tareas domésticas, manteniendo la concepción patriarcal de que en la familia las mujeres tienen que cargar con esta responsabilidad gratuitamente, aun insertándose en el mundo laboral, lo cual implica una doble carga y explotación, que busca hacerse pasar por ventaja.

Entonces, ¿qué hacer con esta reforma?

No es difícil encontrarse con un diagnóstico común en amplios sectores de la izquierda sobre la profundización de la precarización del trabajo que implica esta reforma. Entre ellos, el Frente Amplio y sectores de la ex Nueva Mayoría como el Partido Comunista (aun cuando Bachelet ya avanzaba en la flexibilidad laboral con los pactos de adaptabilidad), critican con vehemencia la iniciativa del gobierno, es más, desde la alcaldía de Jadue (PC), contraponen a la reforma del gobierno, la reducción de la jornada de trabajo a 40 horas semanales, cuestión ya aplicada en la comuna de recoleta, como medida para mejorar las condiciones de vida de las y los trabajadores.

Sin duda que esta medida es correcta, pero ¿es posible imitar esa medida en todos los lugares de trabajo? De todas maneras, es posible, minimo y muy necesario, pero eso implicaría chocar directamente con los intereses de los empresarios, con la CPC, la Sofofa y el gobierno , algo que el PC y el FA constantemente se niegan a hacer.

Su táctica de fondo es dar un golpe mediático para tener algo con que alardear en el parlamento, puesto que en concreto, no hay absolutamente nada que prepare a las y los trabajadores para salir a enfrentar esta reforma. La reducción de la jornada laboral ha sido una lucha histórica de la clase trabajadora en el siglo XX, y sólo se ha conseguido con grandes batallas, con paros nacionales, huelgas y movilizaciones, pero tanto el PC y el FA desarrollan sus fuerzas más bien en el lobby parlamentario y la alianza con la ex concertación, (táctica que ya demostró ser totalmente inútil con la aprobación de la idea de legislar la reforma de pensiones), en vez de usar sus tribunas para potenciar la organización de las y las trabajadores, levantando asambleas en todos los lugares de trabajo, para preparar un gran paro nacional y un plan de lucha que dote de herramientas concretas a las y los trabajadores para echar abajo la reforma.

Pero aun si estos sectores de la izquierda dispusiera de su influencia y fuerza de dirección para luchar en las calles contra la reforma, e imponer la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales, el problema de fondo no se resolvería (es más, la reducción de las horas de trabajo puede llegar a profundizar la carga laboral si es que no se contrata más personal, al tener la exigencia de realizar el mismo trabajo en menos tiempo). Es aquí donde estos sectores omiten, no ven y no luchan por la enorme oportunidad abierta con el avance de la tecnología, la robótica y la automatización de los procesos productivos.

Este avance tecnológico sienta las bases materiales para reducir la jornada laboral, mejorar sustancialmente las condiciones de vida de millones de trabajadores y terminar con el desempleo ya crónico de este sistema. ¿como? Si la jornada laboral se redujera a 30 horas semanales, se podrían repartir las horas de trabajo entre quienes tienen trabajo y quienes se encuentran desempleados, atacando desde sus raíces el desempleo. Pero no como lo han realizado diversos países, promoviendo una jornada part time que baja los índices de desempleo a costa de la pauperización de la vida. Es decir, para que esa jornada de 30 horas no aumente la precariedad y empuje a buscar otro trabajo complementario, es necesario que esa reducción de la jornada laboral esté acompañada por un aumento en los salarios que garantice una canasta familiar básica (450.000), de esa forma estaríamos frente a una mejora realmente significativa para la vida de las y los trabajadores.

Las empresas siempre buscan más flexibilidad para aumentar su actividad y adaptarse la voraz competencia del mercado, En la industria esto implica que las máquinas no paren y el comercio no cierre, o lo haga el menor tiempo posible, lo que trae una mayor ganancia en productividad, pero a costa de precarizar el trabajo. La flexibilidad no es para el bienestar de las personas como el gobierno busca instalar falazmente a través de diversos medios, es unicamente para asegurar mayores utilidades a los empresarios.

Con un sistema de turnos quieren hacer creer que esto conlleva mayor libertad y la reducción de la jornada, pero lo cierto es que en un sistema donde lo único que importa es la continuidad de la producción, la libertad para el trabajador es una utopía. La flexibilidad es precariedad y retroceso en derechos laborales, ya sea que estas impliquen sobreexplotación diaria con jornadas de hasta 12 hrs, o reducción de horas trabajadas pero a costa de obtener un minisueldo que no alcanza.

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Joselyn Encina Escobar

Periodista

Francisco Flores Cobo

Estudiante de Derecho U. de Chile
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