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Red Internacional

El escandalo de los pandora papers nos muestra la debilidad de la figura presidencia. ¿Acelerará este escandalo la discusión constitucional sobre la figura presidencial?

Joaquín RomeroSantiago de Chile

Martes 5 de octubre | 08:07

Sebastián Piñera será recordado por muchas cosas. Su presidencia posee el trágico registro de haber vuelto a inaugurar la era en que las violaciones a las DDHH volvieron a ser cometidas en una escala masiva contra la población civil. Una marca que ha quedado grabada en la memoria colectiva, eclipsando todos los intentos del gobierno por desligarse de sus propios crímenes.

Sin embargo, la crisis política que estalló tras conocerse los pandora papers vuelve a colocar sobre la palestra la crisis que atraviesa el gobierno. El habito de Piñera de involucrarse en negocios "ilegales", practica bastante habitual entre los millonarios para fugar sin consecuencia las ganancias que saquean de piases como el nuestro. Pero esto ya era conocido por todos, como dijo el mismo presidente.

El escandalo ratifica que su presidencia será recordada como la más débil desde el retorno a la democracia. Pero la crisis para el régimen no radica solamente en que Piñera sea profundamente impopular. La crisis desatada desde la rebelión ha vuelto débil a la institución de la presidencia de la república, la pieza clave del régimen político.

La debilidad de esta institución ha quedado de manifiesto en la discusión abierta sobre si reemplazar el sistema presidencial por uno parlamentario o semipresidencial. Un mandato acotado para el próximo periodo o un presidente con menos poder como promete Gabriel Boric en sus eslóganes de campaña. El debate no es fácil para los políticos del régimen.

Acostumbrados a gobernar de manera represiva sobre la población desde los tiempos de la independencia, el presidencialismo ha sido una institución clave para mantener la estructura de un estado autoritario y fuertemente centralizado. La perdida de consenso sobre la necesidad de esta figura, a la que Piñera ha arrastrado a esta institución, pone a la burguesía chilena en un escenario desconocido. En un contexto de una recuperación económica inestable, abrir el sistema político a mecanismos democráticos de participación puede ser la verdadera caja de pandora que los empresarios y su casta política no desean abrir.

El vicepresidente de la convención , Jaime Bassa, viendo la debilidad del presidente, hace días deslizó que el mandato de quien salga electo en las próximas semanas como sucesor de Piñera, sería la de un gobierno de transición. Ya se hablaba de un parlamentarismo de facto ante la capacidad del congreso de legislar sobre materias que eran de exclusiva atribución del presidente de la república mediante un resquicio legal como lo fueron los retiros de las AFP.

En esto la casta política tampoco es original. El periodo conocido como parlamentarismo también fue una imposición "de facto" (guerra civil de por medio) en el cual la institucionalidad como tal no sufrió alteraciones, sino que fueron usadas de un modo distinto. El congreso interpelaba ministros y estos renunciaban en bloque y así el presidente políticamente dependía del congreso.

La crisis política que se arrastra de la rebelión se caracteriza por la incapacidad de la clase dominante de encontrar una formula que le permita imponer su hegemonía sin cuestionamientos. Por mucho que nos encontremos atravesando un periodo de relativa calma, marcado por la recuperación económica y el fin de la pandemia, la crisis política esta lejos de resolverse. Por ahora, no es dado a las masivas movilizaciones, sino a los propios tropiezos de quienes nos gobiernan que hacen caer el telón de que toda la clase dominante no sabe como recomponer al Estado.




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