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Seis capítulos que mancharon la historia de Juego de Tronos

Esta nota puede contener spoilers.

Domingo 19 de mayo | 12:58

El momento en que Bran (cuervo de tres ojos) explica el verdadero fin del Rey de la Noche; las tensiones entre Sansa Stark y Daenerys Targaryen crecen y Jon se entera de quienes son sus verdaderos padres, parecía anunciar que la última temorada de Juego de Tronos tendría un final demoledor.

Al contrario de esto, la aclamada serie de HBO desató una polémica que parece no tendrá fin. Aunque tiene grandes momentos visuales, como la batalla por el amanecer o la destrucción de Desembarco del Rey a base de Fuego y Sangre, pareciera que los productores de Juego de Tronos optaron por sacrificar la forma de contar la historia, la tragedia y a sus personajes para lograr otro objetivo, el de compactar y cerrar algo tan complejo en sólo seis capítulos, a pesar de que George Martin pidió a David Benioff y D.B. Weiss diez temporadas. Una terquedad que afectó la lógica de su propia serie y que terminó por confundír los giros de historia con improvisaciónes.

El arco de locura Targaryen

Se sabía de la posibilidad de que Dannerys perdiera la cordura y terminara quemándolo todo. El problema es que le faltó tiempo a la serie para que el personaje profundizara esta decadencia y la hiciera creíble. Los personajes en Juego de Tronos, cuando enfrentan una encrucijada o nueva posición, tienen el tiempo justo para encarar las contradicciones y decisiones que se les presentan. Las personalidades de éstos y el detalle de su lógica de pensamiento no caen de la nada, al contrario, expresan detenidamente las causas de los giros de sus personajes, por ello todos son memorables. Suplir esto con momentos donde los personajes expresan cierta crisis, rompe con la forma de narrar la historia y la demerita.

Son muchos años desde que el Rey Loco y la Rebelión de Robert Baratheon mostraron la profunda decadencia de los Targaryen, arrastrando al reino a un declive que no se ha detenido. Si bien los Targaryen lograron unificar a los siete reinos y ponerlos bajo su mando, su reinado tuvo bastantes momentos de locura, como lo expresó Twyn Lanister a Tommen Baratheon cuando le explica que Baelor Targaryen construyó el septo de Desembarco del Rey y a su vez nombró Septo a un niño porque pensaba que era milagroso. Pero aunque las excentricidades de los Targaryen eran comunes, también existieron Targaryen que son recordados por su nobleza. Por lo tanto, la locura no tendría que ser el único destino de la madre de dragones. Como las historias que Ser Barristan Selmy contó sobre la alegría y bondad de Rhaegar Targaryen.

La historia de Daenerys es diferente a la de su familia, ya que ella no tuvo la formación gobernante Targaryen. Fue prácticamente esclavizada y vendida por Viserys, lo cual pone cierta distancia de la decadencia de su familia. Por ello Daenerys estaba convencida de que su padre se ganó a pulso el título del Rey Loco, mientras ella cambió su lógica de gobernante en las ciudades libres.

Si Daenerys es el elemento final de la degradación y fin de la casa Targaryen, cayendo en la locura como muchos de ellos y consiguiendo lo que su padre dejó inconcluso, quemar a todos los civiles en Desembarco del Rey, debimos ver la transformación hacia la locura. Sin embargo, faltó bastante tiempo en pantalla para resaltar estas contradicciones de los Targaryen y su reflejo en el personaje de Daenerys.

Es evidente que a Daenerys le dolió la muerte de Missandei y de su hijo dragón Rhaegal, pero faltó ver ese dolor y soledad que podía compartir con Gusano Gris y su amiga como extranjeros repudiados en Poniente, lo que terminaría por expresar la tragedia y culpa por la muerte de Missandei, llevándola a una paranoia que no terminó por desarrollarse y su posterior locura. No existen los grandes diálogos y conversaciones profundas, lo cual desarma al gran personaje de Daenerys Targaryen.

La falta de inteligencia es falta de coherencia

A pesar de los momentos memorables en la batalla de Invernalia contra el Rey de la Noche, existen varios vacíos incomprensibles.

El plan para cazar al Rey de la Noche y aniquilarlo es abstracto, ya que en él no tuvieron mucha presencia las mentes más inteligentes de Poniente como Tyrion, Varys o Davos. Si bien, en el consejo de guerra del segundo capítulo se expresa el plan realizado por Bran para atraer al Rey de la Noche y separarlo de su ejército, no se logra plasmar la importancia de la táctica para la victoria del Norte, como sí lo vimos en la batalla de Aguas Negras o la batalla de los Bastardos. ¿Porque Tyrion o Davos no se opusieron a la carga de los Dothraki contra el ejército de los muertos? Si bien es un truco que termina por ser espectacular, para la lógica de la serie es incomprensible entregar jinetes a su muerte, generando un vacío en la falta de planeación militar y coherencia con las temporadas anteriores.

Jon Snow estuvo a nada de perder la batalla de los bastardos, pero quedó claro (e incluso aumentó el drama), que intentara rescatar a Rickon Stark. Aún cuando Tormund y Davos vieron la gravedad del error de Jon. En esta ocasión Daenerys y Jon perdieron a casi todos los dothraki porqué Tyrion y Davos no pronunciaron ninguna palabra para ponerlos a dudar de su plan, dejando prácticamente mudos a estas audaces mentes y regalando nuevos reclutas al Rey de la Noche.

Al no existir la misma claridad en el plan de batalla como en temporadas pasadas, Jon aparece como un personaje completamente titubeante cuando intenta detener a Daenerys en su ataque al ejército de los caminantes blancos. Si la clave era esperar a que el Rey de la Noche apareciera primero, ¿por qué quedó tan débil esto en el capítulo? Mostrando al héroe bastardo de la defensa del castillo negro, el mismo que se enfrentó a los caminantes blancos en Casa Austera para rescatar a miles de salvajes y que proclamaron Rey del Norte sin ninguna personalidad.

Estas debilidades de la temporada muestran a un Tyrion extrañamente perdido, contrastando con la brillantez de su inteligencia y astucia en todas las temporadas. Pero Varys también se encuentra en el limbo. Estos dos grandes protagonistas del juego y que fueron capaces de construir diálogos memorables, apenas tienen la oportunidad de tejer sus argumentos y motivaciones para confrontarse en quien debe gobernar el reino. En efecto, quedó claro que no compartían la misma idea de quién debe gobernar, pero son mucho más inteligentes para poder estructurar planes complejos y derrotar la inteligencia del otro. El papel de éstos era vital para la última temporada, donde bien pudieron enfrascarse en una red de intrigas para descubrir los planes del otro, un duelo que tendría que haber sido épico y que en efecto Tyrion ganaría la partida a su amigo al descubrir los intentos por envenenar a Daenerys. Haciendo más terrible la despedida antes de que Daenerys prendiera fuego a Varys.

Los grandes señores de Poniente, poseedores de fuertes personalidades y distintas habilidades para el arte de la guerra y la diplomacia se han ido. Si la idea era mostrar esta decadencia e impotencia para conducir la guerra y mostrar múltiples debilidades, incluso de Tyrion o Ser Davos, faltó mucha historia que contar, si no es incomprensible que la inteligencia simplemente desaparezca. Inteligencia tan elemental, como para prever un ataque de la flota de Euron Greyjoy que terminó por matar a un dragón más. Los productores decidieron comerse la astucia de los personajes y suplantarlo por lo espectacular. Sin respetar que ambas son fundamentales en Juego de Tronos.

Arya Stark enfrenta a la muerte

En la conversación que sostienen Daenerys, Tyrion y Varys con la sacerdotisa roja en Meeren, queda demostrado que el príncipe prometido no necesariamente tendría que ser hombre. Con esto se abría la posibilidad de que Dannerys fuera la princesa prometida. Pero el giro que impulsó a Arya Stark a que ella fuera la guerrera que traería el amanecer fue increíble.

Sin embargo, no tiene gran sustento en las temporadas y esto termina por ensombrecer la gran maniobra que realiza Arya para matar al Rey de la Noche. Si ella era la prometida, la serie fue muy injusta con ella, ya que debió ubicarla en el mismo tren de la historia como Jon y Dannerys. Para nada es un personaje secundario, pero merecía mucho más peso en las profecías y su relación con la muerte, lo que determinaría su relación con el Rey de la Noche.

A pesar de que Melisandree en temporadas anteriores ve en los ojos de Arya oscuridad y le anuncia que se volverían a encontrar, la bruja roja sigue declarando a Stannis y posteriormente a Jon como los príncipes prometidos. Si Arya era la heroína que derrotaría a la noche sin fin, Melisandre debió prestar más atención sobre ella y en ese sentido incorporarla con mayor fuerza en las guerras por venir con una historia más fuerte sobre su papel contra los caminantes blancos. No se alcanza a resolver este vació con frases, miradas y momentos esporádicos con Melisandre en el tercer episodio de la temporada final.

Dejando de lado esta contradicción, la aparición de Arya para matar al Rey de la Noche es brutal, pero su personaje merecía muchas más relaciones con la batalla por el amanecer para hacer esta escena prácticamente inolvidable. Si la clave era su relación con la muerte, como le explica a Gendry en el segundo episodio, los productores debieron darle más elementos para que su personaje tuviera memorables encuentros y revelaciones con Bran o Melisandre sobre el papel que tendría que jugar en la batalla contra los otros.

Desde luego que la guerra acelera los tiempos y puede profundizar las debilidades de las casas de Poniente. Pero si el objetivo era plasmar esta decadencia en todos los pilares del juego de tronos, faltó mucha historia por contar. Asentando que en efecto, el error más grave fue sacrificar la historia para cerrar tercamente la serie en ocho temporadas.

George Martin tenía razón, pero como él lo declaró: “hubo un periodo hace 5 años donde ellos (David Benioff y D.B. Weiss) decían siete temporadas y yo decía diez; ellos ganaron”.






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