Cultura

The Switch, la libertad concedida por el neoliberalismo

En cuanto se supo que un canal nacional, pondría en pantalla la versión criolla de RuPaul´s Drag Race, muchas voces de la diversidad sexual, presentaron la iniciativa como un ejemplo de apertura en los medios de comunicación, incluso, en algunos labios afloró el término “ejemplo”. Sobre todo, considerando que las pantallas dispuestas para tal hazaña pertenecían a una señal caracterizada por secundar a Canal 13 en conservadurismo. Con un programa así de avezado, nadie sabía con certeza, qué se vendría.

Lilith Herrera

Activista trans

Lunes 19 de octubre de 2015 | 09:54

El programa, promocionado durante meses a través de la pantalla iridiscente de Mega, se sonsacó el velo el pasado jueves 8, luego del duelo Chile-Brasil. El chorreo de rating, le sirvió para erigirse como amo y señor de la pantalla local, durante sus casi dos horas de emisión.

Así, las puertas del circo televisivo se abrieron al público ansioso de rareza, a eso de las 22:45 la primera jornada. El alto rating, trajo a esta variopinta de personajes extraños que solo pueden salir a la calle, cuando las luces del día han dado paso, al brillo nocturno de las lentejuelas. Lo mostrado por Mega, fue la puesta en escena de una gran discoteque "alternativa". La cual, de acuerdo a lo expresado por la psicóloga Patricia Casanova, corresponde a un tipo de violencia social llamada "expulsión a los guetos". Es decir, The Switch, logró transformarse en ese pequeño reducto para lo que solo puede concebirse en la complicidad borrosa de la noche. Las locas se divierten en discoteques para locas.

En las dos emisiones a la fecha (la segunda disminuyó su rating en 5 puntos), las divas del mundo del transformismo han debido sortear pruebas de talentos, como en el reality de Fausto “Amigas y Rivales”, transmitido por youtube y que en su momento, arrojó a personajes como la Botota Fox, actual participante del programa. En el cual, las concursantes han demostrado toda su “feminidad” y talento sobre el escenario. Como en cualquier centro nocturno, son evaluadas y luego, eliminadas. Pero, el show sigue, entre risas estridentes y tacos que amenazan con lastimar algún pie.

Sus ansias y deber de continuar estrictamente el papel del bufón de la corte real, las obliga a mantener una sonrisa constante en sus rostros, aportando a la construcción de sumisión que ha de ser mostrada por la mujer y por todo aquel ser que no se identifique como hombre. Son ellas, lo más parecido a una travesti, las que nos recuerdan olvidar los problemas y entregarnos a la fantasía de bailar en medio de una pista, ataviada con los ropajes de una princesa en busca de no perder la ilusión, la única razón para continuar con vida. Allí, son libres.

Es la libertad que el neoliberalismo nos brindó a la diversidad sexual para mantenernos en calma, sin cuestionar las miserias de una explotación y opresión que se generan diariamente frente a nuestros ojos de pestañas encrespadas. ¿De qué se quejan estos fletos, si tienen 5 horas para bailar esa música que es para ellos? Así como la sociedad expió sus culpas, abriendo lugares para albergar a estos sujetos extraños y, seguramente, de moral laxa, la televisión chilena –y de paso, la sociedad en su conjunto- ha hecho lo propio con The Switch.

Ya no importa si en Morandé con Compañía, se usa y abusa de la imagen del gay hiper sexualizado, pues existe The Switch. Que nadie proteste por tener a curas condenando la homosexualidad en pantalla, pues ahora tenemos The Switch. Guardemos nuestros carteles y acallemos nuestras voces exigiendo políticas públicas que aseguren cupos laborales y atención en salud para compañeras y compañeros trans, pues ha llegado The Switch. Pero, ¿qué haremos cuando se apaguen las luces de la disco? Han de temblar nuestras pelucas y el maquillaje delicadamente aplicado, pues hemos de aterrizar nuevamente, en las burlas, los golpes y los crímenes. 5 horas de libertad, a cambio de la vida. Un buen trato.






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