Géneros y Sexualidades

Travestis: las parias de la sociedad

Contorneándose sobre tacos que alcanzan las estrellas del cielo, aparecen ellas: las travestis. Las primas dicen que se roban el show y logran hacerlo, porque pueden. Su escenario son las esquinas tapizadas en pobreza, marginalidad, y gritos ahogados de las ciudades que, hace bastante rato le cedieron los sórdidos rincones a las garras neoliberales que se compra las libertades de las colas.

Lilith Herrera

Activista trans

Jueves 7 de enero de 2016 | 13:24

Son éstas, las compañeras, las que bailan al ritmo de las monedas que penetran la blandura de sus paredes lastimadas por el ácido del escupitajo, por el impacto indolente de los golpes, no de los borrachos, de los bien lúcidos, de esos clientes que no las mirarán cuando las reconozcan en la calle. Las travestis, compañeros: son las parias de la sociedad.

En los tiempos de la libre competencia, ellas deben sobrevivir. Ser travesti, es un tema de clase: pertenecientes a los sectores obreros y populares, resultan discriminadas hasta por seres oprimidos como ellas. “Yo soy trans, no me compares con una trava”, se escucha.

De vez en cuando nos acordamos de su existencia, cuando algún medio de comunicación, toma el doloroso relato de un crimen, uno más que pasa a engrosar la lista de asesinatos naturalizados, casi como un ritual de limpieza.

Travestis: las glamorosas de la televisión

En la televisión aparecen figuras, a las que la población les asigna el nombre de “travestis”. La razón: hombres vestidos de mujer. Pero, son estas personas que ahora triunfan emulando peleas de Luli o Pamela Díaz, con la complicidad de la transfóbica Patricia Maldonado, las que han retornado a nuestro imaginario a estas compañeras, pero disfrazadas con artificial alegría.

De la mano de la Botota Fox, Fernanda Brown, Luz Violeta, entre otras, la sujeta travesti se viste de glamour. Así lo aparentan los tacos agujas que muestran venas a punto de estallar o las lentejuelas de un vestido tirado al final de la bodega de vestuario. La televisión las ha higienizado, les ha borrado el SIDA y los moretones en sus cuerpos, producto de los caprichos de un cliente y les pagó un costoso tratamiento dental para que luzcan dientes de envidiable blancura, las hizo olvidar que la universidad jamás fue una opción y que la prostitución fue a lo que se las orilló.

Pero, ¿acaso se trata de reivindicar la figura de la travesti?

La travesti como tal, es una sujeta social símbolo de prostitución, precarización y marginalidad, que es forzada a vivir excluida. Reivindicarla, no; sí, darle voz, hacerla visible, para que pelee y acompañarla en su lucha como parte del pueblo pobre, como trabajadores y estudiantes. Esta lucha es para que nadie encuentre en la prostitución, la única alternativa para sobrevivir.

Pero plantearlo sin más, puede ser un discurso vacío. Por lo que urge ser concreto: exigir políticas públicas para las compañeras, que vayan en la dirección de la adecuación de toda la comunidad educativa para ser parte de sus procesos de descubrimiento, de un sistema de salud gratuito, digno y específico de sus identidades, asegurarles un puesto laboral en las empresas del Estado. Pero sobre todo, acabar con todo sistema de opresión y explotación que continúan llevando a las compañeras travestis a la guillotina de la intolerancia social.






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