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Red Internacional

La vicepresidenta habló por Zoom durante veinte minutos ante el TOF 2 en la anteúltima etapa del juicio. Declarándose perseguida, acusó al Poder Judicial de condenarla para disciplinar a “la clase política”. La sentencia se conocerá el 6 de diciembre. Los fiscales Luciani y Mola pidieron doce años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos por integrar una “asociación ilícita” durante su gobierno.

Martes 29 de noviembre de 2022 | Edición del día
Foto Prensa CFK

“Mañana a las 9:30hs. en el juicio de Vialidad: ‘últimas palabras’. Así le dicen…”, tuiteó la tarde del lunes Cristina Fernández de Kirchner. En la autopromoción, la vicepresidenta incorporó el link de la página de Youtube destinado a la transmisión en vivo de la segunda jornada del juicio “Vialidad”, convocada por el Tribunal Oral Federal 2 de la Ciudad de Buenos Aires. Finalmente esta mañana la vicepresidenta habló durante veinte minutos ante el Tribunal (por Zoom) desde su despacho del Senado.

La audiencia que comenzó pasadas las 9:30 es íntegramente dedicada a que las y los imputados (si es que lo desean) puedan dar sus “palabras finales” en el proceso, la etapa previa a que se conozca el veredicto de los jueces Jorge Gorini, Rodrigo Giménez Uriburu y Andrés Basso que, según informó el mismo Tribunal, será el próximo martes 6 de diciembre.

Conectados en el Zoom y escuchando su discurso, además de los jueces estuvieron presentes los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola, quienes pidieron doce años de prisión para Fernández de Kirchner y su inhabilitación “perpetua” para ejercer cargos públicos al considerarla jefa de una “asociación ilícita” que consumó un fraude a la administración pública con negociados de obra pública en el período de gobierno 2003-2015.

En la misma audiencia también dan sus “últimas palabras” otros imputados como Carlos Kirchner (primo de Néstor Kirchner) y José López, quien tras dejar su cargo como secretario de Obras Públicas de CFK fue detenido en un convento de monjas de General Rodríguez con varios millones de dólares y una ametralladora. También decidió hablar el extitular de Vialidad Nelson Periotti, quien junto a otros exfuncionarios de Santa Cruz lo harán en una próxima audiencia.

“Pelotón de fusilamiento”

Desde su escritorio de presidenta del Senado, Cristina Fernández de Kirchner habló sin levantar el tono, distendida pero seria a la vez. Con parte de su discurso apuntado en hojas que tenía frente a ella, arrancó diciendo que cuando su abogado Carlos Beraldi le dijo que este tramo del juicio se denomina “últimas palabras”, entendió que no había una definición mejor para este juicio, con Tribunal y fiscales incluidos.

“Si el 2 de diciembre de 2019, cuando me tocó hablar por primera vez ante este tribunal, dije que era el tribunal del lafware, luego de todo lo que me ha tocado vivir debo decir que esto, más que un tribunal del lafware es un verdadero pelotón de fusilamiento”, dijo CFK mirando a cámara. Y denunció que los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola convirtieron en acusación una “diatriba” mediante la cual sólo se habrían dedicado a “injuriar, agraviar, denostar y actuar no conformes a derecho sino cual editorial de Clarín o La Nación.

Hasta dijo que Luciani y Mola “realmente deberían ser los periodistas estrella de estos medios” por su “desapego al fondo de la cuestión, a los hechos. Porque como decía (el fallecido juez de la Corte Carlos) Fayt, a quien nadie puede catalogar de k, las opiniones son libres pero los hechos son sagrados”. Para ella, durante veinte días de alegatos los fiscales “inventaron hechos, ocultaron otros, tergiversaron, mintieron”.

Entremedio y fiel a su estilo, CFK buceó por hechos históricos. También relacionó el juicio con el atentado que sufrió el 2 de septiembre, usando la tapa de Clarín del día 12 de ese mes en la que se tituló “La bala que no salió y el fallo que sí saldrá”. Y hasta recordó que Brenda Uliarte, una de las acusadas del intento de magnicidio, “seguía en Facebook o Twitter al fiscal Luciani… curiosa coincidencia” (dato “de color” que no aporta nada).

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Para encuadrar la causa Vialidad con la persecución judicial que denuncia, la vicepresidenta dijo que junto a sus abogados demostró las mentiras vertidas por los fiscales durante 20 días de alegatos. “Hasta por Google les desmintieron algunas de las cosas que dijeron”, ironizó. Y agregó que cuando le “toca ir como acusada” la figura de asociación ilícita y las prisiones preventivas contra los miembros de su espacio político “surgen a gusto y piacere”, pero cuando le “toca ir como víctima a Comodoro Py”, los jueces dicen que no hay asociación ilícita. Se refería a la desestimación de esa figura para “la gente que se comunicaba por redes y cometía actos de violencia contra el Estado y mi casa”, a quienes financian empresarios “aportantes de Cambiemos”.

“Tal vez en Comodoro Py no se considere que mi muerte, mi asesinato, puede ser un acto de conmoción pública”, dijo. Y ligando lo jurídico a lo político, sobre la acusación de fraude en perjuicio de la administración pública preguntó: “¿En serio creen que nuestros gobiernos cometieron un fraude? Entregamos un país desendeudado, el doctor Néstor Kirchner que le pagó al FMI. ¿Nosotros estafamos al país cuando las condiciones de vida de la gente eran muy superiores a las de hoy?”.

En esa línea, aludió a Mauricio Macri al protestar porque “quienes trajeron al FMI y U$S 45.000 millones (que no sabemos dónde están) no tienen ningún problema, están en Qatar mirando el Mundial. Ésta es la Argentina”.

Para la vicepresidenta, “este pelotón de fusilamiento tiene y tuvo desde el principio como objeto estigmatizar a un espacio político y a quien, fundamentalmente, tiene el mayor grado de representación de ese espacio”, en referencia a ella misma. “Una estigmatización para que nunca nadie vuelva a atreverse a hacer las cosas que hicimos nosotros”, dijo y dio como ejemplos “pagarle al FMI” y renacionalizar las AFJP e YPF. Una acción judicial “aleccionadora” y “absolutamente disciplinadora de la clase política”, sentenció.

En otra de sus definiciones políticas, dijo que juicios como éste no ayudan a que “la gente viva y esté mejor”, sino que “esto va a tender a deteriorarse”, porque el “partido judicial” (sucesor del “partido militar” del Siglo XX) “cumple ese rol, condicionar, obturar las posibilidades de expresión en democracia y, fundamentalmente, estigmatizar y disciplinar a los dirigentes”. De allí que, según su visión, “cuando la sociedad advierte este tipo de manejos y maniobras, eclosionan las instituciones”.

Las “veinte mentiras”

En la última parte de su exposición, Cristina dijo que entregaba “un aporte doctrinario” titulado “Las Veinte Mentiras de la Causa Vialidad” (parafraseando a las famosas “Veinte Verdades” declamadas por Juan Domingo Perón en 1950). El “aporte” es porque para ella “esta causa va a ser estudiada en el futuro como un ejemplo absoluto de cómo funcionaban las instituciones en Argentina en este período tan nefasto en que los juzgados dejaron de ser juzgados para ser partidos políticos”. Un período, vale decir, en el que ella y su espacio gobernaron quince de los últimos veinte años.

En rigor, la veintena de desmentidas no son originales, sino que repiten lo expuesto por CFK y sus abogados en los alegatos de este mismo juicio. Por eso no las mencionó y se limitó a invitar a leerlas en su sitio Cfkargentina.com. Allí se argumenta en contra de lo dicho por Luciani y Mola, en referencia especialmente al pago de sobreprecios para obras viales en Santa Cruz, la asignación de fondos desde el Estado nacional a la provincia patagónica, las votaciones de los presupuestos en el Congreso, el desvío de partidas por DNU, el uso de fideicomisos en beneficio de Lázaro Báez (amigo de la familia Kirchner), la negativa de contralor por parte de la oposición parlamentaria y la no realización de obras que fueron pagadas.

Sobre el final de sus “últimas palabras”, CFK reiteró que los jueces y fiscales “contaron con el concurso mediático”, ya que “sería imposible que pudieran hacerlo solitos. La pata mediática ha sido siempre, siempre, absolutamente siempre, imprescindible en este tipo de causas. Pasó en la dictadura militar. Pero esa complicidad entre el Poder Judicial, los medios y los sectores antidemocráticos de nuestro país (que se disparó en el 30, con aquella famosa acordada de la Corte declarando constitucional el gobierno de facto), nunca había tenido a los jueces como actores en primera línea”.

Por último, buscando dejar más títulos para el gozo de las corporaciones mediáticas oficialistas, la vicepresidenta dijo que “vendrá una etapa en la que quienes en el partido judicial han hecho este tipo de cosas, de persecuciones y de omisiones frente al latrocinio que significó el préstamo del FMI, el endeudamiento salvaje del gobierno y tantas otras cosas denunciadas en Comodoro Py pero que no avanzan, van a tener que responder”.

La verdad que huye

La causa “Vialidad” se puede convertir en la primera condena judicial que reciba Cristina Fernández de Kirchner, lo que seguro motivará apelaciones y presentaciones de recursos que terminen llegando, con los años, a la misma Corte Suprema de Justicia. Pero será un hecho de impacto político que, incluso, podría impulsar el avance de otros procesos, como el de la causa “Los Sauces-Hotesur”.

Como se dijo ya en este diario, más allá de la definición en términos de culpabilidades o inocencias, la sentencia de lo TOF 2 de la Ciudad de Buenos Aires ya está manchada “de origen” y plagada de sospechas de parcialidad. Empezado por la relación casi de amistad entre jueces y fiscales con el entorno del expresidente Macri y siguiendo por las propias irregularidades denunciadas en el juicio. Elementos que, lejos de abrir paso a la verdad sobre los entramados de corrupción entre gobiernos (incluyendo los peronistas-kirchneristas) y grandes empresas constructoras, agregan más mantos de impunidad y garantías de perpetuación de esos negociados.

Este juicio también demuestra lo distante y ajeno que están las pujas tribunalicias de la realidad cotidiana que vive el pueblo trabajador, cruzado por la necesidad de subsistir en medio de una inflación galopante y del deterioro constante de los ingresos y la calidad de vida. En causas judiciales como ésta, “gane quien gane” no habrá solución para esas necesidades populares.

Son esos mismos jueces y fiscales que destinan años y millones en vidriosos procesos judiciales quienes paralelamente dan impunidad a los crímenes cometidos por policías, gendarmes, prefectos y funcionarios, los que mandan a desalojar a familias sin techo, los que avalan el fraude laboral en todo tipo de empresas y hasta dentro del mismo Estado, los que no ponen freno al extractivismo contaminante y destructor del planeta, los que reproducen el patriarcado y dan la espalda a la víctimas de la violencia machista.

Pero la casta judicial, a la que Cristina llama ahora “partido” pero a la que nunca le tocó un pelo siendo presidenta, naturalmente hace lo que hace para defender también sus propios intereses. Con sueldos millonarios, sin que nadie los vote, con cargos vitalicios y plagados de privilegios económicos y sociales, los jueces se erigen como “árbitros políticos” y deciden (según sople el viento) a quién declarar culpable y a quién inocente. Una casta que pertenece a una clase, la explotadora y opresora, a la que sólo el Frente de Izquierda Unidad cuestiona de fondo a la vez que propone una transformación de raíz, no sólo del Poder Judicial sino del propio sistema económico-jurídico que le da sustento.


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