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Una economía sombría que podría alentar una nueva dinámica de huelgas en los lugares de trabajo

El martes por la mañana el Fondo Monetario Internacional (FMI), entregó las cifras para el mundo y el país en materia económica en el Panorama Económico Mundial. En las aproximaciones del FMI para Chile la contracción económica fue presupuestada en una caída del 6% del Producto Interno Bruto (PIB), algo que algunos economistas miran con optimismo después de las catastróficas cifras de junio. Sin embargo, ese falso optimismo que refleja la actual crisis viene a reafirmar la preparación de los empresarios para hacernos pagar la crisis a la vez que de a poco aparecen las huelgas en algunos lugares de trabajo por mejores condiciones.

Viernes 16 de octubre de 2020

Si bien, las cifras previstas en junio por la contracción de la economía chilena arrojaban una caída del 7,5% del PIB, el informe de esta semana emitido por el análisis del FMI redujo esa cifra a un 6%. Algunos plantean, por esto último, que la cifra fue más optimista, pero el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, no pudo celebrar, declarando que es una muy fuerte caída aún para el país. Y cómo no, si la economía nacional es totalmente dependiente de las fluctuaciones del mercado internacional o, como dirían algunos economistas, la economía chilena es abierta, integrada y de contacto internacional.

Más allá de aquel “optimismo” al cual Briones no se puede acoplar, las familias trabajadoras durante este año ya han recibido los primeros golpes no sólo de la crisis sanitaria, sino de la crisis económica a nivel internacional, reflejado en las históricas cifras de desempleo y desocupación en el país. Entre trabajadores despedidos y suspendidos, son aproximadamente 2,5 millones las y los trabajadores que deben enfrentar con los pies en la calle la actual situación. Recordar que el desempleo del 12,9% considerando la totalidad de desocupación producto de la crisis se aproxima a un valor real del 22,3%.

Además, a pesar de que Briones diga que la caída económica es profunda y que la prioridad debe ser el empleo, como parte de la reactivación económica, ya estamos viendo cómo el Gobierno y los empresarios están trazando el estímulo a un aumento del empleo. Se mostró con la mísera propuesta de aumento 6 mil pesos el sueldo mínimo, mientras a los empresarios les regalan 2 mil millones de dólares a través de la Ley de Subsidio al Empleo y también con la extensión de la Ley de Protección al Empleo hasta enero del próximo año, son cerca de 800 mil trabajadores y trabajadoras que no tienen la certeza si volverán a trabajar.

La orientación de los empresarios y el Gobierno para la reactivación de la economía y el empleo devela una reducción de costo a rajatabla que pueden traducirse en más despidos o en que los puestos de trabajos que se recuperen sean a costa de la flexibilización laboral, es decir, de la precarización de nuestras condiciones de trabajo y con ello la de nuestras vidas.

Una situación de crisis económica como la actual es la mejor excusa para los empresarios para liquidar aún más nuestras condiciones de trabajo y salariales, y lo estamos viendo en las negociaciones colectivas de estas últimas semanas que han llevado a trabajadores en la minería, puerto e industria a la huelga porque la línea patronal es escudarse en la crisis para no entregar nada mientras aseguren sus ganancias.

¿Estamos cerca de una nueva actividad huelguística de la clase trabajadora?

Más de un mes los portuarios del Sindicato Muellaje del Loa de Antofagasta llevan en huelga, ya que la ATI del grupo Luksic no ha respondido a las demandas mínimas como aumento de sueldo, donde el 70% de las y los portuarios ganan el sueldo mínimo, capacitaciones y contra los malos tratos de las jefaturas en las faenas. Sí, el mismo Luksic que dijo durante el estallido social que ni un trabajador de sus empresas ganaría menos de 500 mil pesos, se opone a las demandas portuarias.

Por otra parte, el Sindicato de Trabajadores Mina de Minera Candelaria, sindicato que agrupa a más de 350 trabajadores, lleva una semana en huelga ante la negativa de la canadiense Lundin Mining de cumplir el petitorio exigido por los mineros, quienes tienen como demanda central el reajuste salarial. La compañía minera que no ha respondido, denuncia a los mineros ante la radicalización de sus métodos, los que justamente buscan presionar a la patronal, como el bloqueo de accesos a la minera.

También, las y los trabajadores del Sindicato SGS Minerals Chile, este miércoles iniciaron su huelga ante la nula disposición de la empresa para responder demandas como el aumento de sueldo, extensión de beneficios actuales para los nuevos sindicalizados, capacitaciones para los trabajadores, reales medidas de seguridad, sanitarias y laborales como las persecuciones y amenazas que vulneran los derechos de los asociados por parte de las jefaturas.

No es casualidad que en los rubros ligados a sectores estratégicos de la economía, las y los trabajadores quieran exigir mejoras en las condiciones salariales, laborales y de estabilidad. Si pensamos más detenidamente la minería, como la industria ligada a esta y a los puertos cobreros, no pararon a pesar de la pandemia durante estos meses, por lo que los empresarios, arriesgando la vida de miles de familias trabajadoras no dejaron de acumular ganancias.

Si nos han querido mandar al matadero en medio de la pandemia, lo mínimo que se exige es una mejoría en las condiciones, pero sabemos que los empresarios buscan reducir como sea los costos, por algo también la preocupación de Minera Escondida de que el Sindicato de Supervisores que agrupa a 700 personas, no se vaya a huelga y buscan seguir negociando o el por qué la negociación tan bajo perfil en Collahuasi.

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Puede que este sea el comienzo del desarrollo de nuevas huelgas, una mayor acción y ejercitación de la clase obrera ante una situación de crisis donde los empresarios ni lo más mínimo ceden para mantener sus ganancias a costa de nuestra precarización. Lo anterior puede abrir el camino a una recomposición del movimiento obrero en el país, sobre todo si damos cuenta que los años de crisis y aumento de la deuda fiscal para salvar a los capitalistas está lejos de cerrarse.

Por esto último, es necesario buscar la coordinación de cada una de las luchas o huelgas que puedan darse en el movimiento obrero, ampliar la solidaridad de clases ante cada uno de estos eventos, en la perspectiva de que la unidad de las filas obreras de manera organizada podría desarrollar la fuerza hacia una huelga general para la conquista de las demandas de la inmensa mayoría y para que la crisis la paguen los capitalistas, quienes defenderán con garras y dientes sus bolsillos.

Lo anterior está estrechamente ligado al actual proceso constituyente, donde las trampas que los partidos del régimen desde la UDI al Frente Amplio impusieron bajo el nombre del Acuerdo por la “paz” y Nueva Constitución buscarán salvar las ganancias de los grupos económicos por sobre la vida de millones, frente a lo cual Partido Comunista se adaptó entrando de lleno abandonando el camino de la movilización a través de una CUT en cuarentena desde incluso antes de la pandemia.






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