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Red Internacional

Violencia machista. Vagones de mujeres en el Metro de Santiago ¿Solución a la agresión y acoso sexual en el trasporte público?

Desde el gobierno regional de la capital y autoridades ministeriales se ha propuesto estudiar como medida la separación por género en los vagones de forma paliativa al crecimiento de denuncias durante marzo de violencia de género en el transporte público. Sin embargo, la medida segrega binariamente a las victimas e invisibiliza a la diversidad de género.

Sábado 9 de abril | 11:49

Desde el gobierno regional de la capital y autoridades ministeriales se ha propuesto estudiar como medida la separación por género en los vagones de forma paliativa al crecimiento de denuncias durante marzo de violencia en las calles. De acuerdo con el Observatorio contra el Acoso de Chile, “9 de cada 10 mujeres han sufrido violencia en las calles” , cosa que se reflejó especialmente en la ciudad de Santiago, con en el incremento de denuncias mayoritariamente en el interior del transporte público. Serían tres vagones exclusivos para mujeres, medida que ya fue implementada en países como México o Brasil e incluso ya fue analizada con anterioridad en Chile en 2017, pero fue desestimada por no ser factible en horarios punta.

Segregación de mujeres como respuesta a la violencia de género: ¿Es realmente una salida?

Si bien una medida como esta podría dar una sensación de seguridad al generar en el transporte público un espacio separatista, lo cierto es que agudiza el problema. Por una parte, valida el hecho de que los espacios mixtos no sean seguros, relegando a las víctimas de violencia a un lugar delimitado donde sólo sea ese el que es realmente seguro, reforzando la lógica de que en otro tipo de espacios sea "normal" que se violente a las mujeres. No propone de ninguna forma el trabajo contra la violencia estructural, cultural ni promueve la prevención del acoso y/o agresión, es más, ni la toca.
Por otra parte, ignora completamente a las personas con una identidad de género por fuera del binarismo cisgénero, quienes sufren también violencia machista y discriminación. Incluso, este tipo de medidas solapadamente alimentarían la lógica discriminatoria y odiante hacia disidencias y diversidades, pues no habría espacio en ninguno de los dos tipos de vagones para alguien que no responda a la cisnormatividad. ¿Podría una mujer trans subirse tranquilamente al vagón de mujeres sin ser llamado "hombre con falda", o un hombre trans al de hombres sin alguna vez ser amenazado de violación para "corregirlo"? ¿Cuál sería el espacio para las personas no binarias, agénero, queer, genderfluid? En ese sistema de "seguridad", ninguno.

Violencia estructural y la batalla por su erradicación.

El acoso y agresión sexual en el transporte público es un eslabón más en la cadena de violencia machista. La prevención de la violencia, como tarea mínima y primordial que debería ser garantizada por el estado, debe ser parte de un plan integral que tome distintas aristas, como la aplicación de la ESI (Educación Sexual Integral) desde la infancia, así como también un Plan de Emergencia de acogida para mujeres y personas de la diversidad sexogenérica que estén sufriendo una situación de violencia y abandono, que garantice un lugar seguro a elles y sus hijes donde vivir, trabajo para la independencia económica y salud con acompañamiento sicoemocional.

Algo tan mínimo como esas dos medidas pueden ser garantizadas por un gobierno como el de Boric, sin embargo consideran vagones separtistas binarios. Será conquistado con organización y lucha, sin confianza en los partidos tradicionales ni el gobierno feminista liberal del FA. La organización de las mujeres y disidencias, en conjunto con estudiantes y trabajadores puede entrar la potencia para conquistar estas demandas.




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