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Red Internacional

La actual candidata a presidenta de la Ex Concertación, se ha apoyado discursivamente en ser diaguita y mujer como elementos que forjan su personalidad política. Incluyó en sus bases programáticas, inclusive, la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 de gestación. Sin embargo, es cuestión de revisar las políticas públicas de la Democracia Cristiana, su partido de toda la vida, para al menos, poner en cuestión este perfil “feminista”.

Martes 24 de agosto | 07:44

Yasna Provoste supo leer de forma espectacular el escenario político esta vez. Se posicionó como una líder de su sector pese a que no consiguió absolutamente nada negociando con el gobierno en marzo; no obstante, se puso al frente de una declaración que englobó a la oposición “anti neoliberal” del Parlamento. Una posición oportunista, en cuanto firmaban partidos que no solamente sostuvieron el neoliberalismo que instaló Pinochet, sino que lo ampliaron y profundizaron. Durante los gobiernos de la Concertación llevaron reformas adelante, pero con la lógica de estado subsidiario, gobernando en consensos con la derecha y repartiendo nada más que la migajas que caían de la mesa de los empresarios.

Provoste hoy es oficialmente candidata de Nuevo Pacto Social (NPS), nuevo nombre de la Ex-Concertación, luego de las aburridas primarias del fin de semana. Inscribió su candidatura ante el Servel habiendo obtenido una amplia mayoría en la baja votación que concertó la primaria: de 150 881 votos, Provoste obtuvo el 60,8%. Si bien la primaria de NPS no convocó un sector importante de votantes, el resultado de Provoste la pone directamente en la carrera presidencial como la representante de la política de los consensos y retórica que toman prestada de la revuelta, para convertirla en una estética servil al régimen político que queremos echar abajo.

El aborto clandestino, otra muestra del “Chile de los 30 años”

La candidata de la Democracia Cristiana incluyó en sus bases programáticas -con las que pretende aunar a toda la centroizquierda-, la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14. Llama la atención que un partido que durante décadas se ha opuesto a una ley de aborto, y que por tanto alentaron el aborto clandestino, hoy lo incluyan en su programa. Lo hacen además sin plantear la gratuidad y la seguridad del procedimiento, partes integrantes de la demanda histórica del movimiento de mujeres y feministas: aborto legal, libre, seguro y gratuito. Los falangistas juegan hipócritamente con nuestro derecho a decidir, nuestras vidas y nuestros cuerpos.

Lo incluyen en su programa, sin embargo este mismo mes, fue con votos de la Democracia Cristiana y la derecha que se rechazó la idea de legislar sobre la despenalización del aborto, pasando con informe negativo a la cámara baja. Si bien Provoste ha manifestado su posición a favor de despenalizar el aborto, su compañera de partido Joanna Pérez votó en contra de la iniciativa, declarando "(...) Siempre he defendido la vida desde su concepción, por esto no puedo votar a favor".

Si gana Provoste, por mucho que sea mujer y diaguita, no serán sus identidades las que gobiernen, sino los viejos dinosaurios que han sostenido el régimen heredado de la dictadura los últimos 30 años. Sus camaradas, compañeros de partido, y sus aliados de conglomerado, son aquellos que convivieron junto a ella con la precarización de la vida de la clase trabajadora y el pueblo, que profundizaron el legado de Pinochet construyendo el falso oasis neoliberal que la revuelta puso al desnudo. No podemos confiar que conquistaremos nuestras demandas de la mano de los partidos de los 30 años: aquellos que mediante el Acuerdo por la Paz impusieron el desvío de nuestra lucha y el freno a nuestra potencia. Yasna Provoste puede prometernos muchas cosas, pero no podemos olvidar jamás: ella viene con ellos.




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