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19 de mayo de 2022 Twitter Faceboock

EDUCACIÓN
Gobierno y Educación: crónica de una muerte anunciada
Nuestra Clase

El 20% de los profesores deserta al quinto año de práctica docente, y uno de cada diez lo hace en el primer año de ejercicio*, esto mientras las carreras de pedagogía sufrieron una caída de 27% de matrícula en el último proceso de admisión. Datos según estudio del Instituto de Investigación Avanzada en Educación (IE) y del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile.

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Podemos explicar estas cifras por el agobio laboral, los sueldos miserables, la falta autonomía en la enseñanza y la desconexión del gobierno con las reales necesidades de los docentes y las comunidades educativas, sumados a nuevos ejemplos de represión y persecución a la labor docente.

Lejos de mostrar disposición para mejorar y revertir la situación, el gobierno y sus figuras han utilizado los medios de comunicación para especular con las cifras y profundizar más el conflicto. El candidato presidencial por Evópoli, Ignacio Briones, propone solucionar el problema de la dotación docente importando mejores profesores, dejando en evidencia que se entiende la educación como un negocio y, por lo tanto, la estrategia neoliberal para mantenerlo en pie es fomentar la competencia. Distinta fue la respuesta del gobierno cuando la postulación en la Escuela de Carabineros disminuyó en un 71%, en este caso se anunciaron nuevos incentivos y cambios en la carrera policial.

Por otro lado, la respuesta del MINEDUC fue inmediata: flexibilizar la selectividad de estudiantes y estancar hasta el 2025 algunos requisitos de la Ley del Sistema de Desarrollo Profesional Docente. En el corto plazo para mejorar la condición laboral actual de los docentes: NADA. Se vislumbra que para el 2025 habrá un déficit de 30.000 profesores, pero para el gobierno no es opción organizar realmente la repartición de las horas laborales entre ocupados y desocupados, implementar realmente el 50 y 50 de horas lectivas y no lectivas o reparar en algún nivel la situación docente. Al parecer las palabras del Ministro de Economía, Lucas Palacios: "lo único que buscan son argumentos para no trabajar" hacen eco en La Moneda y se les considera un “caso de estudio” por su decisión.

Durante el teletrabajo las situaciones de agobio y estrés se han multiplicado, por lo que es probable que la cifra de deserción se vea incrementada. Las nuevas exigencias laborales (guías diarias, videoclips, planificación en plataformas, utilización de plataformas para la conexión con estudiantes, classroom, webclass, etc.), sumado a las labores del hogar y el cuidado de los hijos, difuminan las horas no lectivas haciéndolas profundamente insuficientes, en un rubro altamente feminizado (73%). Además, desde el inicio de la pandemia las y los docentes han tenido que costear de su propio bolsillo la tecnología e internet para hacer las clases online y todo el material didáctico. Esto, mientras la inestabilidad laboral aumenta (520 profesores despedidos o suspendidos en diciembre de 2020). El mensaje del Gobierno es claro: mientras se puede gastar millones de dólares en represión, la educación pública no es ni ha sido su prioridad. Así como en la salud, han dejado que el costo de la crisis caiga sobre las y los trabajadores.

Publicaciones como la realizada por Elige Educar acerca de los mitos de ser profe, no hacen más que avalar esta política nefasta y, de paso, fomentar la invisibilización de las reales condiciones de nuestro gremio. Funcionan sobre la base de especulaciones, obviando las trabas para acceder a un buen sueldo o la cantidad de labores administrativas que copan las horas no lectivas.

Desde las candidaturas docentes a convencionales de la lista de trabajadores revolucionarios, Álvaro Jorquera, profesor de Historia que se postula en el distrito 13, ha planteado “si hoy existiera una política de reparto de las horas, el agobio baja, se respeta el 50/50 y habría más tiempo de planificación de clases, tiempo para las labores del hogar, etc. Además con aminorar la carga horaria generas horas libres que pueden ser tomadas por los colegas que hoy están cesantes. El problema no es la carrera, sino el criterio empresarial de explotación de los profesores, pues estrujan a los docentes para no pagar más sueldos”.

Por otro lado, la reacción del Colegio de Profesores (CdeP) no es más que eso, una yerma reacción. Durante toda la pandemia han mantenido una actitud de análisis que no pasa a la acción, no llamaron a movilización el año pasado por las condiciones laborales, que afectaron la salud mental de los docentes terminando en diciembre con un 77% con estrés, ni cuando el gobierno obligó a miles de colegios a abrir este año, a dos semanas de un nuevo brote, o ahora que buscan censurar nuestra práctica, persiguiendo colegas por el contenido de sus audios personales o por hablar del problema mapuche en sus clases. Hoy se pliegan al llamado de huelga general sanitaria, pero es necesario llamar a asambleas de base para darle sustento y organización.

Pero no sólo las condiciones de nuestro gremio nos ocupan, sino también la de nuestros estudiantes y sus familias, porque mientras el gobierno habla de los derechos de la infancia, vemos cómo diariamente son vulnerados, vemos que en los quintiles más bajos casi el 37% no tienen los insumos necesarios para conectarse a clases, que han sido desalojados mientras están en clases, que deben subir cerros o salir a la lluvia por la señal, y que muchos de ellos no tienen siquiera para desayunar antes de la clase. Ya hay 180 mil niños, niñas y adolescentes que se encuentran fuera del sistema educativo en Chile y se proyectan otros 80 mil a causa de la Pandemia.

Es necesario entonces, que la dirección del CdeP tome estas problemáticas para que los docentes, a nivel nacional, discutamos en asambleas de base un plan de movilización y logremos poner en articulación a las comunidades educativas para la autoorganización y las defensas de nuestras demandas. No es suficiente adherirse, el CdeP debe fomentar y garantizar la organización, poner en el tapete una salida concreta al problema como, por ejemplo, la repartición de horas sin rebaja de salario. Esto último no solo aliviaría la sobrecarga laboral y disminuiría el agobio, sino que también daría solución a la enorme cantidad de profesores desempleados. Que la Huelga General del 30 de abril sea el punto de partida para que logremos un plan de lucha anticapitalista contra la crisis.

 
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