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22 de septiembre de 2021 Twitter Faceboock

El fin de la Lista del Pueblo: conclusiones para levantar una izquierda consecuente independiente a los partidos del régimen
Rafaella Ruilova | Licenciada en historia y militante de Pan y Rosas
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Sacar algunas conclusiones preliminares de esta experiencia cobra relevancia en un momento de fortalecimiento del reformismo. La debacle de la Lista del Pueblo (LdP) sin lecciones políticas puede transformarse en una desmoralización importante para sectores del activismo y para todo el espacio político anti cocina que cuestionó el Acuerdo por la Paz. Lo que no sólo lo dejaría susceptible a ser arrastrado por la ola mal menorista que fortalecería más al reformismo o incluso a la centro izquierda burguesa.

Buscamos aportar con este artículo para sacar en común lecciones políticas y estratégicas que lejos de llevar a la desmoralización, aporten al desafío de levantar una alternativa de izquierda que realmente pelee por las demandas de la rebelión y enfrente los poderes capitalistas.

La génesis: expresión política de la rebelión en un aparato electoral

El fenómeno de la LdP, que emergió para las convencionales tiene su explicación en la profunda desconfianza popular contra los partidos del régimen, sus prácticas corruptas y antidemocráticas. En la necesidad de encontrar un espacio político por fuera del desvío del Acuerdo por la Paz y un discurso más popular. Lo que dió lugar al fenómeno independiente en las pasadas elecciones.

Pero, también es expresión de las propias contradicciones y límites de la rebelión, que al no dar un salto de un movimiento explosivo pero en los marcos de la exigencia al régimen, a un ascenso revolucionario que luchara por derrocar el orden establecido -posibilidad que se planteó con el paro del 12 de noviembre, que fue un verdadero punto de inflexión, y que hubiera cambiado la situación si se hubiese transformado en una dinámica con continuidad y extensión-; gestó la ilusión de que es posible echar abajo un régimen por medio de la presión a este mismo.

La LdP, ocupó ese espacio político abierto pos rebelión, anti cocina, pero que contenía las contradicciones de la rebelión, limitado a reforma del régimen existente expresado en su programa moderado anti-neoliberal. Así este conglomerado electoral se ponía el objetivo de avanzar a un “Chile de derechos sociales” por medio de una “estrategia” de “que el pueblo escriba la constitución”, sin plantear afectar las ganancias de los grandes empresarios, albergó tras de sí amplios sectores, desde activistas genuinos, militantes de organizaciones de izquierda por fuera de los partidos del régimen, hasta sectores que fueron personeros políticos de la ex concertación y se arrimaron viendo en este conglomerado una oportunidad electoral, como ex candidatos o autoridades públicas de partidos del régimen; o Carlos Hernandez quien fue concejal por el PPD dos veces después del 2000; o Nelson Agurto Pavez candidato “independiente” que fue por el PRO en la elección municipal pasada; también candidatas continuadoras de la política de esta izquierda frenteamplista, como Nicole Cornejo, quien fue militante y dirigenta del autonomismo que dirigió Boric hasta fines del 2019. Para qué decir el mismísimo ex candidato presidencial Ancalao, quien tiene una larga historia con la vieja Concertación y la ex Nueva Mayoría, primero como militante de la Democracia Cristiana y luego como uno de los principales dirigentes de la Izquierda Ciudadana, el 2017 fue candidato independiente al senado por el Partido Humanista, en la lista del Frente Amplio, y el 2018 estuvo en el Frente Regionalista Verde.

La amplitud del programa de reforma al régimen, le daba un paragua para que todo entrara, pese que hubo muchos candidatos que eran expresión de la rebelión y organizaciones sociales que vieron en ella una herramienta para tener mayor peso en las elecciones, los que tomaban las decisiones eran un pequeño grupo de profesionales del marketing, expertos electorales y caudillos, que se mataron en una lucha fratricida donde lo único que compartían era la necesidad de reformar el régimen y el cómo, por medio de la batalla electoral, como quedó demostrado en el programa Mentiras Verdaderas en la discusión entre Rafael Montecinos, Spotorno y Ancalao, y en la entrevista realizada en Revista Rosa a un ex dirigente de la LdP. Lejos de ser una instancia de agrupamiento democratico de la vanguardia con asambleas abiertas y Congresos públicos, nació y murió como un aparato electoral burocrático, más allá de las buenas voluntades de muchos de sus integrantes y base electoral.

Conocida es la crítica a las direcciones burocráticas de LdP, pero quedarse ahí no da más que una explicación superficial, ya que es más bien un síntoma, una expresión de que la independencia formal (no estar afiliado a un partido político) no es garantía de nada. La única independencia real es la política, organizativa y programática con los partidos del régimen, en pelear consecuentemente por un programa de independencia de clase que busque afectar las ganancias de los capitalistas: renacionalización de los recursos naturales bajo gestión de las y los trabajadores y comunidades, por la desmilitarización del wallmapu y la entrega de los territorios al pueblo mapuche, entre otras. Esta independencia política, a nuestro entender, es necesario expresarla en la formación de un partido político revolucionario de la clase trabajadora, que se enfrente a los partidos de la clase patronal y que tenga como programa la lucha por un gobierno de las y los trabajadore. Claramente la LdP no pasó la prueba, quienes se erigían como el espacio anti cocina que no respetaría el Acuerdo por la Paz, con 27 convencionales no demoraron ni dos semanas en subordinarse al Acuerdo y acercarse cada vez más a las cocina y las lógicas parlamentarias yendo tras las propuestas del FA.

Un programa de reforma al régimen: la facilidad de su cooptación

Si bien el espectáculo de la LdP ha sido bochornoso y particular, ya hay algunas experiencias previas de cómo un programa de reforma al régimen termina siendo fácilmente cooptable y transformándose en el contrario de lo que se decía se iba a ser. Recordemos que el Frente Amplio emergió el 2017 como un conglomerado que decía estar en contra del duopolio de la ex-Concertación y la derecha, los mismos que en momento más álgido de la lucha de clases terminaron salvando al gobierno, el régimen y el duopolio con el Acuerdo por la Paz, los mismo que decían representar los “movimientos sociales” fueron los que votaron la ley anti barricadas, y se integraron rápidamente al régimen.

Si bien no es comparable la experiencia de la LdP y el FA, hay un punto importante a preguntarse ¿Por qué cada uno se transformó en lo contrario a lo que decía que iba a combatir?

Un ex miembro de la directiva de la LdP en una entrevista en la Revista Rosa plantea: “...pero por ahí también pasa que un sector de pueblo es capturado por la lógica de la Convención, que es parlamentaria. Ahí se pone en evidencia las dificultades de organización, de proyecto, las debilidades orgánicas y de expresiones sociales que existen detrás de cada uno de estos convencionales y de la propia LdP. Este escenario de muchos constituyentes -ahora capturado o sometido a un proceso de captura progresiva por parte de las lógicas estatales promovidas por otros partidos, particularmente por partidos de izquierda y progresistas- va construyendo una cerca”

De lo que habla el ex miembro de la directiva de la LdP, no es otra cosa que los métodos de cooptación que tiene el Estado capitalista y sus instituciones, que no son solo las cocinas, sino también formas de cooptación materiales como sueldos completamente alejados de la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras, los convencionales de la LdP no sólo no levantaron una propuesta para que cada convencional gane como una profesora, sino que se subieron las asignaciones, haciéndole un favor a la campaña de desprestigio de la derecha contra las asignaciones para gastos por la actualidad convencional. Antes, ya habían renunciado a la declaración que firmaron varios de sus miembros en la Vocería de los Pueblos, abandonando la pelea por la libertad de los presos políticos y la soberanía de la Convención. Se adaptaron a los tiempos y al rayado de cancha de los partidos del régimen para mantener el desvío aceptando el Acuerdo por la Paz sin ninguna batalla. Y es que aquí se entremezclan dos elementos fundamentales.

El primero es el programa que se defiende, si es uno de reformas al régimen como el caso de la LdP, se es una hoja al viento fácilmente cooptable, que cae en cada una de las trampas de los poderes reales y termina siendo un furgón de cola de quien tiene más margen de maniobra en las negociaciones, como están la mayoría de los convencionales de la LdP tras quien en los hechos dirige la convención, el FA.

El segundo, es el centro de gravedad político -en términos de la estrategia-, el dónde se desequilibra la balanza. Una convención orquestada por los partidos del régimen para realizar un desvío de la lucha de clases y encauzarlos dentro de los marcos de los poderes establecidos, tiene como objetivo de primer orden la restauración del régimen tambaleante. Quien vea en el electoralismo o las negociaciones con las reglas puestas como camisa de fuerza para que no cambien los pilares estructurales del Chile de los 30 años, poco y nada puede ofrecer para que las demandas de la rebelión se hagan efectivas. El centro de gravedad para hacer tambalear el poder de los de arriba como mostró la rebelión es la lucha de clases, pero no sólo el “poder de la calle” en general, sino la capacidad de golpear en los centros estratégicos, de parar la economía, por eso el 12 de noviembre del 2019 mostraba un camino a seguir que le dio pánico a los poderes reales y vieron como salida el desvío constituyente amañado.

Ahí, también se perdió la LdP, que con una retórica de no dejar la calle y de libertad a los presos políticos no llamó consecuentemente a una gran movilización exigiendo a los grandes organismos de masas, sindicales y estudiantiles que paralizarán es pos de la libertad a los presos, en vez de eso se conformaron con una declaración tibia de petición a los poderes constituidos propuesta nuevamente por el FA y el PC.

La necesidad de fortalecer un frente de independencia de clases

En el actual escenario se hace indispensable fortalecer un frente de independencia de clase que no se subordine a las cocinas, ni a las lógicas parlamentarias, que pelee por un programa anticapitalista y socialista, por un gobierno de las y los trabajadores y que ponga su acento en fortalecer la organización y la lucha de clases, como el que levantamos desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) junto el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Fuerza de Unidad y Lucha, El Porteño, Unidad de Trabajadores y Socialismo Revolucionario.

Hacemos un llamado a todas y todos los activistas, a las organizaciones de izquierda anticapitalistas, que están por ponerle fin a las trabas del Acuerdo por la Paz, a hacerse parte del Frente de Unidad de la clase trabajadora, que es en el panorama político la una fuerza de la izquierda consecuente que puede levantar referente que le haga frente a toda la ola malmenorista, al reformismo y por sobre todo a los partidos de los grandes capitalistas y los poderes reales. La vanguardia no está destinada a caer al derrotero de la desmoralización, podemos levantar una alternativa de la clase trabajadora, las mujeres, la juventud y los pobladores que se proponga poner fin al saqueo de estos 30 años y avanzar a un gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo.

 
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