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7 de julio de 2022 Twitter Faceboock

OPINION
¿Emergerá una alternativa política obrera y socialista?
Juan Valenzuela | Profesor de filosofía. Partido de Trabajadores Revolucionarios.

Las pestilentes redes de financiamiento irregular a los políticos de la Alianza y la Nueva Mayoría, hacen más pronunciada la tensión entre el régimen político y las masas explotadas y oprimidas. Todo indica que la alta abstención en las anteriores elecciones -70% en las municipales y 58% en las presidenciales- se repetirá en las municipales del 2016. ¿Quién resulta creíble para los trabajadores y trabajadoras? ¿Quién, de esa casta que recibe suculentos pagos a cambio de legislar al servicio de los empresarios? ¿Emergerá una alternativa política de los trabajadores?

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Las cifras que arrojó la encuesta Adimark de agosto, son sintomáticas. No sólo la alta desaprobación a Bachelet (70%), también ese 82% de desaprobación a la labor de la Cámara de Diputados al lado de un 12% de aprobación; o ese 79% de aprobación al Senado al lado de un 13% de aprobación, son reveladores de la debilidad en la que se encuentra actualmente el régimen.

Ese elemento de crisis constituye un factor altamente dinámico de la situación política. El estado actual de las cosas, no es promisorio para los políticos empresariales, aunque en lo inmediato hayan obtenido algunas victorias. Para el personal político del régimen, el costo de persistir en la defensa de los intereses empresariales es un divorcio cada vez más pronunciado con las masas.

¿Qué rol está cumpliendo el Partido Comunista en este proceso? Luego del cónclave oficialista el pasado 3 de agosto, dejó claro que continuará alineado con el gobierno. Pero la huelga de los profesores, que duró 57 días, mostró que para el PC, mantener su posición, no será gratuito. El hecho de que una figura asociada a las movilizaciones del 2011 como lo es Camila Vallejo, llorara por el traspié sufrido por la nueva ley docente en la comisión de educación de la cámara; el alineamiento de toda la bancada del PC y Giorgio Jackson con el gobierno en las controversias que surgieron por la Nueva Carrera Docente; han permitido que amplios sectores de masas se percaten por experiencia propia que estas figuras “priorizan” los equilibrios en y con la Nueva Mayoría y no los intereses de los trabajadores, en este caso los docentes. Por su parte Jaime Gajardo, dilapidó lo que le quedaba de credibilidad debido a su modo de actuar en el paro. A partir de estos elementos, se abren preguntas: ¿pueden abrirse crisis mayores en el PC? ¿No arriesga su relación histórica con la clase obrera y las masas si persiste en ser un pilar del gobierno burgués de Bachelet? De la llamada “bancada estudiantil”, Gabriel Boric, de Izquierda Autónoma, no aprobó la Carrera Docente, pero ese gesto es estéril, pues su organización, a la cabeza de la Fech, fue responsable de trabar la lucha estudiantil que comenzaba a despuntar y que podría haber favorecido enormemente la lucha de los profesores. Izquierda Autónoma y el llamado “bloque de conducción” que incluye al Fel y la UNE, junto a las “juventudes del gobierno”, fueron activas, por ejemplo, en bajar la toma de la Casa Central de la Universidad de Chile.

La profunda crisis del régimen y la nueva etapa de la lucha de clases que se abrió el 2011 –con flujos y reflujos-, constituyen un terreno fértil para la emergencia de nuevas alternativas políticas. ¿Conseguirá la clase obrera poner en pie una alternativa que exprese sus intereses?

Quienes combatimos por poner en pie un partido obrero revolucionario, consideramos que es un momento propicio para dar pasos en ese camino. Habrá que aprovechar cada escenario favorable para dar esos pasos. Y bien, ¿el escenario electoral, es un terreno en el que se puede intervenir con una política revolucionaria?

Lenin escribía, en su clásico “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo” (1920): “Mientras no tengáis fuerza para disolver el parlamento burgués y cualquiera otra institución reaccionaria estáis obligados a actuar en el seno de dichas instituciones precisamente porque hay todavía en ellas obreros idiotizados por el clero y por la vida en los rincones más perdidos del campo. De lo contrario corréis el riesgo de convertiros en simples charlatanes (…) Los comunistas de Europa Occidental y de América deben aprender a crear un parlamentarismo nuevo, poco común, no oportunista, sin arribismo. Es necesario que el Partido Comunista lance sus consignas; que los verdaderos proletarios, con ayuda de la gente pobre, inorganizada y completamente oprimida, repartan y distribuyan octavillas, recorran las viviendas de los obreros, las chozas de los proletarios del campo y de los campesinos que viven en las aldeas perdidas (por ventura, en Europa hay muchas menos que en Rusia, y en Inglaterra apenas si existen), penetren en las tabernas concurridas por la gente más sencilla, se introduzcan en las asociaciones, sociedades y reuniones fortuitas de los elementos pobres; que hablen al pueblo con un lenguaje sencillo (y no muy parlamentario), no corran por nada del mundo tras un “lugarcito” en los escaños del parlamento, sino que despierten en todas partes el pensamiento, arrastren a la masa, cojan por la palabra a la burguesía, utilicen el aparato creado por ella, las elecciones convocadas por ella, sus llamamientos a todo el pueblo y den a conocer a este último el bolchevismo como nunca habían tenido ocasión de hacerlo (bajo el dominio burgués) fuera del periodo electoral (sin contar, naturalmente, los momentos de grandes huelgas, cuando ese mismo aparato de agitación popular funcionaba en nuestro país con mayor intensidad aún).”

Indudablemente, el marxismo no es una exégesis de textos y estas palabras de Lenin fueron escritas hace 95 años. Pero la estrategia revolucionaria aprende de la experiencia histórica. En las palabras citadas, Lenin recomienda a los revolucionarios actuar no sólo en el parlamento sino en cualquier otra institución burguesa mientras no se tenga la fuerza para disolverla. Pero no como arribistas u oportunistas. No buscando un “lugarcito” en los escaños. Con otro fin: el de llegar a los verdaderos proletarios, la gente pobre, desorganizada, completamente oprimida, en las ciudades y en los campos. Recomienda usar las elecciones para hacer “llamamientos a todo el pueblo” y “hacer agitación.”

Hoy, cuando el parlamento y todas las instituciones del régimen atraviesan una profunda crisis, no existen en Chile esos parlamentarios revolucionarios que expresen los intereses de la clase obrera. Cada vez que retorna el escenario electoral, como el próximo año con las municipales, se hace evidente la carencia de una alternativa obrera independiente. ¿Emergerá? ¿Nacerá una política que en vez de “codearse” con los multimillonarios de Penta y Soquimich, se sumerja en lo más profundo de la clase trabajadora y las masas oprimidas?

 
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