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3 de agosto de 2021 Twitter Faceboock

REBELIÓN EN COLOMBIA
Lecciones del paro del 28A: ¿Qué fuerzas necesitamos para hacer retroceder y echar abajo al gobierno de Duque?
Matías "Mono" Morales
Corresponsal LID Colombia

Ha quedado claro que el pueblo colombiano está más organizado que en 2019, se está actuando desde los diferentes contextos: mientras en el campo y en los sectores industriales algunos trabajadores toman las vías, las juventudes, colectivas feministas y la minga indígena congregan enormes manifestaciones en las ciudades. Demostrado que la alianza estratégica entre los trabajadores, campesinos, las mujeres, la juventud y los barrios, tiene la fuerza para proponerse conquistar todas sus demandas, sin confiar en falsas promesas ni desvíos.

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El Paro Nacional del 2019 movilizado principalmente por el sector educativo, dejó en claro que, a pesar de ser insistente, el diálogo que ofrecía el gobierno de Iván Duque no escuchaba ni atendía a profundidad los reclamos de la comunidad.

En el presente Paro nacional de 2021, desatado entre otras cosas por una reforma fiscal que pretendía recaudar 25.4 billones de pesos colombianos ( unos 6.800 millones de dólares) intensificando la recaudación de las clases media y baja, aparentemente, el enfoque del gobierno no parece haber cambiado notoriamente.

A pesar de las masivas protestas y el claro descontento del pueblo colombiano, Duque demoró cuatro días en retirar la reforma, una vez los sindicatos de transportistas y los trabajadores portuarios se unieron al paro iniciando los bloqueos.

Por un lado el sector de conductores de camiones (transportadores de carga), organizados desde sus sindicatos y con una propia lista de peticiones al ministerio de transporte: mejores condiciones y reconocimiento de su trabajo. Tienen al menos 120 bloqueos en las carreteras colombianas. Aunque en los últimos días se definieron corredores humanitarios para la circulación de alimentos e insumos médicos (principal preocupación de los sectores de derecha, que se oponen al paro), el presidente sigue exigiendo que se retiren los bloqueos, pues según él "atentan contra los derechos de los demás ciudadanos".

Mientras tanto en la ciudad de Buenaventura, cuya actividad portuaria mueve más del 50% de la economía colombiana (y que a la vez es una de las ciudades más violentas y desiguales del país), los trabajadores bloquean los puertos con contenedores y se declaran en paro.

Aunque bloqueos de este tipo suelen darse con bastante frecuencia fuera del contexto del paro (los puertos de Buenaventura ya habían sido bloqueados este año en el mes de febrero) y no responden a directrices oficiales del comité nacional del paro, demuestran con claridad que estas tomas de acción logran poner al gobierno en jaque y le obligan a presentar soluciones con rapidez.

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Es por esto que Duque está intensificando su discurso: desplegando más fuerza pública (incluyendo al ejército), criminalizando y acusando a la manifestación e ignorando homicidios y violaciones de derechos humanos.

Ha quedado claro que el pueblo está más organizado que en 2019, se está actuando desde los diferentes contextos: mientras en el campo y en los sectores industriales algunos trabajadores toman las vías de hecho, las juventudes, colectivas feministas y la minga indígena congregan enormes manifestaciones en las ciudades. Demostrado que la alianza estratégica entre lxs trabajadores, las mujeres, la juventud y los barrios, tiene la fuerza para proponerse conquistar todas sus demandas.

En casi dos semanas de protestas, la producción y la importación/exportación de productos se ha reducido notablemente y el valor del peso colombiano se ha desplomado, pero en esta ocasión ha sido el pueblo a través de la organización y la toma de acción quien ha llevado a esto, esperando por fin ser escuchado por el gobierno. Al saber que al afectar las cadenas productivas se les da donde mas le duele a los capitalistas, en sus bolsillos repletos de dinero.

A Duque no le bastará con fingir diálogos, el pueblo colombiano está en pie de lucha y le está dando a la clase gobernante donde más le duele, en sus negocios y en su capital privado, capital producido por una mano de obra popular y campesina, que cada vez se hace más consciente de que si ella para, cualquier gobierno se ve obligado a escuchar e incluso tiene la fuerza para ir por mucho más.

 
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